LA REPÚBLICA FICTICIA S.A.
OBRA DE TEATRO EN 3 ACTOS
Por Nauj Sertab
Editorial Pirata, Isla Olvidada, calle Las Dos Costillas,
999-87133187, nsertab@patadepalo.nohaypuntocom
PERSONAJES
- Narrador: Usted y yo, porque siempre es el mismo teatro y siempre es el mismo actor y aquí actúa tanto usted como actúo yo.
- Don Burro Presidente: El presidente de la ficticia República
- Ministro Enredos: Encargado y especialista de obras, especialista en complicar todo.
- Consultín: Consultor contratado para hacer lo que ya debía hacer el funcionario público.
- Doña Auditoría: Asusta a Don Ministro Enredos y tiene en seco a Don Burro Presidente.
- Ciudadano: El que paga impuestos y mira todo desde el televisor comprado con tarjeta de crédito.
(El telón aún está cerrado. Una voz en off, con tono grandilocuente y ligeramente burlón, resuena en la sala. El ambiente es de expectación. Se escuchan sonidos de ambiente, como un suave murmullo de público y una orquesta que afina.)
NARRADOR
Con voz grandilocuente y ligeramente burlona) ¡Oh, cielos y tierra! ¡Menuda empresa me encomendáis, dignos espectadores! Pretender emular la pluma inmortal de un Cervantes, sazonarla con el ingenio de un Lope, la hondura de un Calderón, la agudeza de un Moreto y la gracia de un Molina... ¡Es como pedirle a un humilde gorrión que trine como ruiseñor en noche de luna llena! Mas, ¡ay de mí si rehúyo tan singular desafío! Por vos lo haré, aunque mis humildes letras apenas alcancen a ser sombra de tan preclaros ingenios. Prepárense vuestras mercedes a reír con el alma, a soltar la carcajada que rompe el silencio y a meditar, entre risas, sobre las extrañas andanzas de esta "República Ficticia S.A.", donde el escándalo es moneda corriente y la virtud, una rara avis. ¡Que comience la función!
(Una pausa. La voz retoma un tono más formal.)
NARRADOR
¡Dignísimos espectadores! Vuestra presencia es como el viento en mis velas; y mi pluma, aunque humilde, se regocija en servir a tan agudo ingenio. Antes de que el telón se alce nuevamente y las luces de esta "República Ficticia S.A." iluminen nuestras miserias con humor, permitidme, cual pregonero de la risa y la reflexión, daros la debida bienvenida.
(El ambiente es de expectación. Se escucha un jingle cómico de fondo.)
NARRADOR
(Con eco teatral) ¡Damas y caballeros, honorables presentes, y a toda la fauna política que hoy nos honra con su... ¿presencia?!
(Pausa dramática, un ligero carraspeo.)
NARRADOR
Sean todos bienvenidos a esta farsa, esta tragicomedia que hemos titulado con singular acierto: "La República Ficticia S.A.". Una obra donde el humor es el espejo de nuestra realidad, y donde, como bien dice la pícara sinopsis, "el escándalo es moneda corriente y la virtud, una rara avis".
(La voz se vuelve un poco más conspirativa, con un guiño implícito.)
NARRADOR
Y hablando de "moneda corriente", ¡esperemos que en nuestra distinguida audiencia no haya ningún diputado o diputada con la tentación de desviar esa "moneda corriente" hacia una nueva ley sin fondos, o peor aún, hacia un bolsillo bien forrado con cargo a "gastos de representación"! ¡Que la decencia sea el único desvío aquí, por Dios!
(La voz retoma un tono más didáctico, con un toque de burla.)
NARRADOR
Y para aquellos, quizás un poco menos versados en las delicias del latín clásico – ¡o simplemente despistados, que de todo hay en la viña del Señor! –, cuando decimos que la virtud es una "rara avis"... no nos referimos a un "raro aviso" en el periódico, ¡sino a un "pájaro raro"! Sí, sí, como ese que a veces vemos en la Asamblea Legislativa, ¡que no sabemos si canta o si despluma!
(Una risa enlatada o un "jingle" cómico podría sonar aquí.)
NARRADOR
Así que, con esa lección de etimología y una advertencia velada, ¡que el telón se alce! ¡Que dé comienzo la función! ¡Y que la risa sea nuestro bálsamo y nuestra arma contra los absurdos de esta, vuestra, nuestra... República Ficticia S.A.!
(El telón comienza a abrirse lentamente, revelando la escena del Acto Primero.)
ACTO PRIMERO LA CONTRATACIÓN ILUMINADA
ESCENA 1 del ACTO PRIMERO
INT. OFICINA DE DON BURRO PRESIDENTE - DÍA
(Vasta, pero con un aire de "orden caótico". Una mesa gigante donde se apilan documentos. A un lado, El Ciudadano frente a un gran televisor, se escucha un programa de farándula, chismes. Entran DON BURRO PRESIDENTE, visiblemente pensativo, y el MINISTRO ENREDOS, quien ya parece perder el hilo de la conversación.)
NARRADOR
(Con voz grave y un toque de sorna, como quien confiesa un secreto a voces) ¡Oh, público sabio y sufrido, que el telón se alza, no para un drama de reyes, sino para la comedia eterna de nuestra nación! Aquí, donde el poder reside en la silla y la vergüenza en el bolsillo ajeno, les presento a nuestros héroes... o, mejor dicho, a nuestros personajes de reparto en este teatro de lo absurdo. El que paga la función, ¡ay!, no se asome al final, que se podría reconocer. ¡Vuestra petición es un mandato, oh, inefable mecenas del despropósito! Mi pluma, ya empapada en la tinta del sarcasmo, se apresta a hilvanar versos y prosa para este primer acto, donde la luz de la razón se eclipsa ante el fulgor de los favores. Prepárense, pues, para descorrer el velo de la farsa y adentrarse en los laberintos del "talento" y la "consultoría".
(DON BURRO PRESIDENTE se pasea con pasos largos y grandilocuentes, como si midiera el destino del país. El MINISTRO ENREDOS lo sigue a duras penas, deteniéndose a "revisar" un papel imaginario o a rascarse la cabeza. DON BURRO se sienta pesadamente en su gran silla, casi hundiéndola. El MINISTRO ENREDOS opta por apoyarse en el marco de la puerta, como si el esfuerzo de sentarse fuera digno de una consultoría.)
NARRADOR
"¡Silencio en la sala, que ha llegado la figura central! Con la prestancia de un burro engalanado para fiesta de pueblo, y una banda presidencial que, más que honor, parece haberle costado una "consultoría estratégica", aquí tienen a Don Burro Presidente. Su verbo, cual torrente desbordado, inunda el escenario con promesas tan grandilocuentes como vacías. Posee el raro don de la oratoria que hipnotiza, no por su elocuencia, sino por su capacidad de decir mucho sin decir nada. Es un experto en el 'arte' de la palmada en la espalda y el guiño cómplice, especialmente cuando hay que "delegar" responsabilidades incómodas o "impulsar proyectos" que benefician a su círculo más... ¡cercano! Sus orejas, grandes y atentas, no escuchan el clamor del pueblo, sino el suave tintineo de las cajas registradoras o el murmullo de los favores pendientes. Su ambición es más grande que su cerebro, y su memoria, más corta que la promesa de campaña. Siempre busca un legado, aunque este se construya sobre los cimientos de la improvisación y los planos hechos en la servilleta de una cafetería de lujo. Su frase favorita es: '¡La Patria me exige audacia!', que convenientemente rima con '¡Mi cuenta bancaria exige un aumento!'. ¡Prepárense, que con este burro en la silla, la carrera hacia el abismo es siempre a galope tendido!"
(El MINISTRO ENREDOS se mueve de un lado a otro, sin sentido.)
DON BURRO PRESIDENTE
La Patria me exige audacia. El clamor popular... ¡que yo escucho en mis redes sociales!... pide... pide... ¿que pide? Pide lo que pide. ¡Y pide, y pide! ¿Qué haría Trump, que haría Miley?... ¿Qué haría Macron, que haría un rey?
NARRADOR
"¡Atención, damas y caballeros, al genio detrás de la cortina de humo! Con la parsimonia de un perezoso recién levantado de una siesta de tres meses, llega el Ministro Enredos. Su título de 'especialista en obras' no se refiere a la ingeniería, ¡sino al arte de la maraña y el embrollo! Es un maestro en el noble oficio de transformar lo simple en un 'proyecto de alta complejidad estratégica' que solo puede ser resuelto por... ¡una consultoría externa, por supuesto! Su mente, un laberinto sin salida para la lógica, es una autopista de doble sentido para la burocracia y los desvíos. Siempre tiene la excusa perfecta, el eufemismo ideal y la 'solución' que implica cero esfuerzo de su parte y mucho dinero del erario. Sus ojos, a menudo vidriosos, no denotan cansancio, ¡sino el esfuerzo mental de tejer la próxima justificación inverosímil! Es un camaleón de la ineficacia: puede parecer inútil, pero detrás de su pereza hay una astucia dormida que despierta solo para esquivar responsabilidades o justificar el sobreprecio. Su lema no oficial es: 'Si hay que hacer algo, ¡contratemos a alguien para que lo haga por nosotros y luego auditemos si lo hicieron bien!'. ¡Un perezoso con cerebro de conspirador, una joya del servicio público!"
DON BURRO PRESIDENTE
(Paseándose con aire solemne, rascándose la barbilla) Ministro Enredos, la Patria me exige audacia. El clamor popular... ¡que yo escucho en mis redes sociales!... pide... ¡innovación en el "Talento Humano"!
MINISTRO ENREDOS
(Con la mirada perdida en el techo, como si buscara inspiración divina... o una mosca) ¿"Talento Humano", Don Presi? ¡Oh, vasto campo! ¿Se refiere a esos que trabajan o a esos que... ¡ejem!... nos hacen parecer que trabajamos? Porque el talento para lo segundo, ¡ese sí escasea!
DON BURRO PRESIDENTE
(Le lanza una mirada de reproche, luego sonríe con picardía) ¡No desvíe el rumbo, Ministro! Hablo de talento... ¡del que ilumina, del que inspira! Tengo una... "candidata"... recién egresada de la universidad de la vida, ¡con un máster en "Relaciones Públicas" y un doctorado en "Influencia Personal"!
MINISTRO ENREDOS
(Se endereza de golpe, su cerebro hace "clic") ¡Ah, entiendo! ¿Una profesional en... ¡er!... "Gestión de Recursos que Enriquecen el Entorno Político"? ¡De esas hay pocas y muy bien cotizadas! ¿Y cuál sería su... "nicho de mercado" en el Estado?
DON BURRO PRESIDENTE
(Guiña un ojo, con un tono más íntimo) ¡Exacto! Ella es... ¡la indicada! Su especialidad es el "Monitoreo de empresas y personas beneficiarias de proyectos de Talento Humano". ¿Me entiende? ¡Ella sabe muy bien cómo "monitorear" a los beneficiarios... y asegurarse de que nadie se quede sin "su parte"!
MINISTRO ENREDOS
(Se frota las manos, con una sonrisa que denota el brillo del oro) ¡Una "visión de 360 grados" del "talento" disponible, mi Presidente! ¡Magnífico! Pero para un proyecto tan... ¡delicado!... ¿no sería más prudente externalizar? ¡No vaya a ser que el "talento" se nos quede en casa y cause "conflicto de intereses" en el desayuno!
DON BURRO PRESIDENTE
(Asiente vigorosamente) ¡Sabio, Ministro, sabio! ¡Contratemos una consultoría! Así, el trabajo lo hacen "los expertos" y nosotros... ¡nos enfocamos en gobernar! O en aparentar que lo hacemos, que es casi lo mismo y menos cansado.
(En ese instante, entra CONSULTÍN, el toro flaco, arrastrando una maleta que, al chocar con el suelo, suena a hueco. Lleva un saco demasiado grande y la faja le cuelga como serpentina de fin de año. Sus ojos, cansados, revelan noches de "reflexión" sobre la nada.)
NARRADOR
"Y ahora, ¡el 'héroe' moderno de la eficiencia gubernamental, el caballero de las hojas en blanco, el insomne por elección (ajena)! Con ustedes, Consultín, nuestro toro flaco, que porta con resignación un saco que le queda grande y una faja que le baila en la cintura. Sus ojos, eternamente cansados, no son producto de la ardua labor, ¡sino de las noches de 'tormenta de ideas' vacías y el estrés de inventar justificaciones! Consultín es el maestro del 'refrito estratégico': capaz de convertir cualquier informe viejo en una 'innovadora propuesta de valor' con solo cambiar la tipografía y añadir diez gráficos de colores. Su maleta, siempre llena de papeles en blanco, es su arma secreta: lista para llenarse con 'datos cruciales' que mágicamente aparecen cuando se acerca la fecha de cobro. Su talento no reside en hacer el trabajo, sino en convencer a los que deben hacerlo de que él es indispensable para 'optimizar procesos', 'alinear sinergias' o 'reimaginar el paradigma'. Es el eslabón necesario en la cadena burocrática que convierte el dinero público en... ¡horas facturables! ¡Un vampiro de la productividad ajena, un artista de la dilación, y el ejemplo vivo de que, a veces, la consultoría es la burocracia con esteroides y un buen eslogan!"
CONSULTÍN
(Con voz monocorde, casi un murmullo) ¡Permiso! ¡Permiso! Consultín a sus órdenes. Me informaron de un "requerimiento urgente" de "Diagnóstico de Brechas y Fortalecimiento de Capacidades" en... ¡algo relacionado con "humanos y talentos"! ¡Aquí traigo mis herramientas... y mi factura en blanco, por supuesto!
DON BURRO PRESIDENTE
(Sonríe a Consultín, luego le susurra al Ministro Enredos) ¡Ahí lo tiene, Ministro! ¡Un verdadero experto en "pagos por resultados de empleabilidad"... ¡o sea, en cobrar por colocar gente! ¡Un genio en su campo!
MINISTRO ENREDOS
(Con un alivio casi palpable) ¡Ah, Consultín! ¡Siempre tan oportuno como la quincena! No se preocupe por el contenido, el envase ya es suficiente.
(De pronto, irrumpe DOÑA AUDITORÍA, la vaca con traje ejecutivo y sombrero, con una lupa en una pezuña y una pila de libros de reglamentos en la otra. Sus ojos, bajo el ala del sombrero, son dos láseres escrutadores.)
NARRADOR
"¡Atención, atención! Abriéndose paso con paso firme y el clink-clink de sus lentes bien puestos, llega Doña Auditoría, la mismísima Contraloría General de la República en forma de vaca. No es cualquier vaca, ¡es la vaca que todo lo ve, todo lo mide y todo lo cuestiona! Con su ceño fruncido perpetuo (incluso cuando sueña), y una mirada que atraviesa paredes, contratos y hasta la buena fe, Doña Auditoría es la pesadilla de todo funcionario con una calculadora sospechosa. Va siempre impecable con su traje ejecutivo que, milagrosamente, resiste cualquier mancha de tinta o resbalón sobre un recibo mal llenado. Su sombrero esconde una red de satélites miniatura que captan hasta el más mínimo "ajuste" presupuestario. Su misión en la vida es encontrar el hilo negro en el arroz, el centavo perdido en la caja chica, y la coma mal puesta en el informe de gestión. Siempre está lista para levantar un acta, pedir un 'descargo' de veinte páginas por un lapicero extraviado, o solicitar una 'auditoría de impacto sobre la auditoría' para asegurar que nadie se le escape. Cuando ella brama, los expedientes tiemblan y los ministros sudan frío. ¡Es la reina del papeleo, la campeona del '¿Por qué no lo hizo así?', y la señora que se asegura de que, aunque el país vaya en carreta, ¡al menos tenga los aros en regla!"
DOÑA AUDITORÍA
(Su voz es un bramido que hace vibrar los cristales) ¡ALTO AHÍ, MANGA DE SOSPECHOSOS! ¡Aquí huele a consultoría con aroma a dedazo! ¡Y a desvío de fondos con fragancia a perfume importado sin pasar por aduanas! ¡He sido informada de este "Proyecto de Talento Humano"!
MINISTRO ENREDOS
(Se encoge, su cara de perezoso se vuelve de terror) ¡Doña Auditoría! ¡Qué sorpresa! ¡Siempre tan... ¡ejem!... omnipresente! Solo estamos... ¡optimizando recursos! ¡Contratando a los mejores cerebros para que piensen por nosotros!
DOÑA AUDITORÍA
(Se ajusta las gafas con un dedo gordo) ¡Los "mejores cerebros" suelen tener un título universitario que no sea "el don de gentes"! ¿Y los antecedentes? ¿Los pliegos? ¡Y los "Reportes de Ejecución de Reembolsos de Pago por Resultados de Empleabilidad" deben ser auditados por... ¡mí!... y luego por una sub-auditoría, y quizás por una tercera si la primera dudó!
CONSULTÍN
(Levanta una mano temblorosa) Disculpe, Doña Auditoría, ¿eso significa que... tendré que hacer el trabajo dos veces? ¡Mi cerebro no está calibrado para tanta "productividad" sin un "reajuste de tarifa"!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con una sonrisa forzada, tratando de calmar las aguas) ¡Doña Auditoría, por favor! ¡No sea tan... ¡ejem!... minuciosa! Es un "proyecto estratégico". ¡Hay que darle fluidez! ¡Piense en el "bienestar" de nuestros "beneficiarios" del "talento"!
DOÑA AUDITORÍA
(Clava su mirada en Don Burro) ¡Bienestar, dice usted! ¡El único bienestar que veo aquí es el del consultor que cobra por lo que un funcionario no hace, y el del que lo contrata por las razones equivocadas! ¡A mí no me viene con cuentos, que he leído más expedientes que usted novelas!
(De repente, la pantalla del televisor se vuelve ruidosa. Es el CIUDADANO, en pijama y con un semblante de resignación, comiendo palomitas.)
CIUDADANO
(Mirando directamente al público, con un tono de humor negro) ¡Ah, caramba! Otra consultoría. Y yo pagando impuestos para que contraten a alguien que haga lo que ya se supone que hacen. ¡Y encima, para "talento humano"! ¡Con la escasez de talento que hay en la política, ¡mejor que contraten consultores para que piensen por ellos de una vez! ¡Esto ya no es televisión, es un espejo!
(Todos los personajes se quedan congelados por un instante, mirando al televisor, como si el Ciudadano los hubiera descubierto in fraganti. DON BURRO PRESIDENTE se pone colorado, MINISTRO ENREDOS se desmaya lentamente, CONSULTÍN esconde su maleta y DOÑA AUDITORÍA anota algo con furia en su cuaderno.)
NARRADOR
(Regresa con voz grave y un suspiro resignado) Y así, amados espectadores, termina la primer escena. Donde la luz de la contratación "iluminada" no cegó a nadie, salvo al contribuyente, que sigue pagando la cuenta de esta eterna comedia. ¡Que el telón caiga, que la farsa continúa, aunque cambien los actores, la obra es la misma! Posdata, lo que veis en el tv no es Telesiete ni Represeis porque no tenemos presupuesto para marcas.
TELÓN.
FINAL DE LA ESCENA 1 DEL ACTO PRIMERO Y COMIENZO DE LA ESCENA 2 DEL ACTO PRIMERO
INT. OFICINA DE DON BURRO PRESIDENTE - DÍA
(La misma oficina de Don Burro Presidente. Este y Consultín están dándole aire frenéticamente a el Ministro Enredos, quien parece a punto de desmayarse tras la embestida de Doña Auditoría. Doña Auditoría los mira con una ceja alzada, cuaderno en mano.)
NARRADOR
(Voz con tono de observador cansado) Y así, damas y caballeros, tras el primer embate de la verdad (o al menos, de la auditoría), nuestros próceres intentan recuperar el aliento. Porque en esta "República Ficticia", respirar es un acto de valentía, ¡y robar, una disciplina olímpica!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz melosa, casi un ruego) Doña Auditoría, mi querida y perspicaz doña Auditoría... ¡su celo es tan encomiable como su... presencia! Pero, con el debido respeto, permítanos revisar este "contrato estratégico" en la intimidad. Es un asunto de... ¡alta confidencialidad administrativa!
DOÑA AUDITORÍA
(Cruza sus brazos musculosos, su voz un trueno) ¿Confidencialidad? ¡Aquí lo único confidencial son las excusas y lo transparentes, los bolsillos ajenos! Bien, ¡me retiro! Pero que quede claro: ¡mi sombra es más larga que su historial de buenas intenciones, Don Burro! ¡Y mis ojos, más abiertos que sus promesas!
(Doña Auditoría sale lentamente, con una mirada de desconfianza que parece atravesar paredes. El Ministro Enredos, al verla desaparecer, suelta un suspiro de alivio tan profundo que casi vacía la sala.)
MINISTRO ENREDOS
(Se endereza de golpe, su perezoso interior se transforma en un chacal astuto) ¡Uf! ¡Santo cielo! ¡Más dura que un queso parmesano añejo esta doña! ¡Con ella es imposible robar tranquilo, Don Presi! Uno siente que hasta los billetes le huelen a investigación. ¡Aunque de vez en cuando le veo un brillito en los ojos... sospecho que ella también "audita" para el lado oscuro del café!
DON BURRO PRESIDENTE
(Vuelve a su escritorio, con un aire conspirativo) ¡Lo mismo digo, Ministro! ¡Demasiado pulcra para ser de este mundo! Pero a lo nuestro: ¡Necesitamos que esa consultoría para mi... ¡ejem!... "experta en Talento Humano" pase como por arte de magia, sin que la vaca nos dé un mugido de alerta! ¡Tenemos que dirigir ese contrato!
MINISTRO ENREDOS
(Se frota el mentón, los engranajes de su mente, que suelen estar oxidados, empiezan a girar) ¡Ah, el arte de la dirección contractual! ¡Mi especialidad! Primera opción: ¡La Especificación a la Medida! Pedimos un "perfil único e irrepetible", como si fuera la reencarnación de Cervantes en recursos humanos. Requisitos tan absurdos que solo ella los cumpla... ¡como haber estudiado "Programación Neurolingüística de la Felicidad Organizacional" en el Tíbet mientras hacía un voluntariado con llamas!
DON BURRO PRESIDENTE
(Asiente, pensativo) ¡Me gusta esa, Ministro! ¡"Perfil único", "experiencia exótica"! ¡Así ni Auditoría ni el propio San Pedro encontrarán a otro! ¿Alguna otra joya de la pillería?
MINISTRO ENREDOS
¡Por supuesto! Segunda opción: ¡La Urgencia Nacional Inminente! ¡Declaramos que el "Talento Humano" está en crisis existencial y que sin esta consultoría, el aparato estatal colapsará, los empleados entrarán en huelga de brazos caídos y el país se irá al garete! ¡Una "emergencia administrativa" que justifique cualquier atajo! ¡Y la consultora entraría a "apagar incendios" que nadie ha visto, salvo nosotros!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se le ilumina la cara) ¡Magnífico! ¡El caos como justificación! ¡Usted es un genio, Ministro! ¡Un Maquiavelo con el disfraz de perezoso! ¿Y la tercera joya? ¡No me defraude!
MINISTRO ENREDOS
(Con voz de triunfo, sacando una hoja de un cajón secreto) ¡Y la tercera, Don Presi, la madre de todas las soluciones! ¡La Subdivisión Estratégica del Pastel! Dividimos el contrato grande en veinte consultorías pequeñas... cada una por un monto que no necesite licitación mayor, ¡por debajo del umbral de "sospecha" de Doña Auditoría! ¡Cada "micro-consultoría" será un "Reporte de Ejecución de Reembolso por Pago de Resultados de Empleabilidad" o algo igual de rimbombante! ¡Así, se ve como un río de gastos pequeños, no como un océano de un solo golpe!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se levanta y abraza a Ministro Enredos) ¡Ministro! ¡Usted es mi baluarte, mi cerebro oculto! ¡La verdadera mente maestra detrás de este gobierno de "mano limpia y bolsillos llenos"!
MINISTRO ENREDOS
(Se aparta, con un aire de falsa modestia) ¡Bah, pequeñeces, Don Presi! ¡Pero espere! Tengo una idea que supera a todas: ¡una compra por excepción en una excepción excepcionalísima excepcionante!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con los ojos desorbitados) ¡Una... ¿qué?! ¡Ministro, me deja sin aliento! ¡Explique, explique!
MINISTRO ENREDOS
(Sonríe malévolamente) Declaramos que la consultora es la ÚNICA en el UNIVERSO capaz de este "talento". Es tan exclusiva que su contratación es una "necesidad imperiosa de seguridad nacional" que no admite licitación abierta, por ser tan "excepcional" que la excepción misma se excepciona... ¡en sí misma! ¡Es tan rebuscado que Doña Auditoría se enredaría en la lógica y nos daría el visto bueno por cansancio mental!
DON BURRO PRESIDENTE
(Alza los brazos al cielo) ¡Genio! ¡Puro genio! ¡Ministro Enredos, usted no es un perezoso, es un estratega disfrazado de inútil! ¡Que se prepare el "talento humano", que su "proyecto" viene en camino... ¡por la vía rápida y sin frenos!
(Don Burro Presidente y Ministro Enredos chocan las pezuñas con una risa maliciosa.)
NARRADOR
(Voz grave y socarrona, apuntando con el catalejo a los personajes) ¡Oh, público, lumbreras de la crítica y pagadores de impuestos, que no se diga que esta obra escatima en detalles! Aquí, entre bambalinas y bajo el ojo que todo lo ve – ¡el mío, no el de Hacienda! –, presenciamos la danza inicial de los poderosos. Vean a Don Burro, cual astuto equino en busca de tréboles fiscales, y al Ministro Enredos, cuyo andar pesado es inversamente proporcional a la ligereza de sus justificaciones.
(Don Burro Presidente se pasea con pasos largos y grandilocuentes, como si midiera el destino del país. El Ministro Enredos lo sigue a duras penas, deteniéndose a "revisar" un papel imaginario o a rascarse la cabeza. Don Burro se sienta pesadamente en su gran silla, casi hundiéndola. El Ministro Enredos opta por apoyarse en el marco de la puerta, como si el esfuerzo de sentarse fuera digno de una consultoría.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz resonante, intentando sonar profundo, mientras se acomoda en la silla) Ministro Enredos, la Patria me exige audacia. El clamor popular... ¡que yo escucho en mis redes sociales y en los susurros de mi conciencia... que a veces me habla en sueños de grandeza!... pide... ¡innovación en el "Talento Humano"!
NARRADOR
(Acercando el catalejo al Ministro Enredos) ¡Ah, el "Talento Humano"! Concepto elástico, mis amigos. Capaz de estirarse para cubrir desde el genio más insigne hasta el familiar más "necesitado" de un cargo. Fíjense en el Ministro Enredos, cuya "especialidad en obras" se traduce, con asombrosa frecuencia, en la obra de complicar lo simple y simplificar lo complejo... ¡especialmente cuando se trata de repartir el pastel!
(Ministro Enredos, que hasta ahora estaba recostado, se endereza con lentitud, como si un resorte oxidado se activara. Mira al techo, luego a una mosca, luego a Don Burro, con los ojos vidriosos de quien busca una salida honorable... o al menos, una sin mucho esfuerzo.)
MINISTRO ENREDOS
(Con voz soñolienta, pero calculada) ¿"Talento Humano", Don Presi? ¡Oh, vasto campo yermo para algunos! ¿Se refiere a esos que trabajan con sudor y empeño... o a esos que... ¡ejem!... nos hacen parecer que trabajamos con ideas "frescas" y "externas"? Porque el talento para lo segundo, ¡ese sí escasea y hay que importarlo a precio de oro!
NARRADOR
(Mueve la cabeza, como quien ya conoce el guion) ¡He ahí la clave! La "importación de talento". ¡Siempre más cara, más vistosa y, curiosamente, menos molesta que el talento propio, que a veces pide cosas tan incómodas como... ¡salarios justos o condiciones dignas! Aquí, el "talento" se mide en la habilidad para cobrar sin ensuciarse las pezuñas.
(Don Burro Presidente se levanta de su silla con un resoplido, se acerca al Ministro Enredos con una mirada que es mitad reproche, mitad complicidad. Le da una palmada en el hombro al Ministro, quien se tambalea ligeramente.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con tono más íntimo, casi un murmullo cómplice) ¡No desvíe el rumbo, Ministro! Hablo de talento... ¡del que ilumina los pasillos y las noches! Tengo una... "candidata"... recién egresada de la universidad del... ¡"networking"!... con un máster en "Relaciones Públicas" y un doctorado en "Influencia Personal y Manejo de Expectativas"... ¡ajenas, claro!
NARRADOR
(Hace un gesto con la mano, como si desvelara un misterio) ¡Ah, la "universidad del networking", institución con el mejor pénsum para el "ascenso meteórico" sin escalas. Y ese "doctorado", ¡diploma de honor para quien sabe más de pasillos que de pasantes!
(Ministro Enredos se endereza de golpe, su perezosa mente brillando con una epifanía. Sus ojos, antes vidriosos, ahora muestran un destello de astucia. Se frota las manos, apenas audible.)
MINISTRO ENREDOS
(Con una sonrisa que denota el brillo del oro y la sombra de un favor) ¡Ah, entiendo! ¿Una profesional en... ¡er!... "Gestión de Recursos que Enriquecen el Entorno Político y Personal"? ¡De esas hay pocas, mi Presidente, y muy bien cotizadas en el mercado... ¡interno! ¿Y cuál sería su... "nicho de mercado" en el vasto Estado? ¡Porque el "nicho" es lo que hace la diferencia entre una "inversión" y un "despilfarro bien justificado"!
NARRADOR
(Se encoge de hombros con una sonrisa) Y así, amados espectadores, se va tejiendo la telaraña. Donde el "talento" se alquila y la "necesidad" se inventa. ¡Que el siguiente giro del drama os mantenga pegados a vuestras butacas, o a la pantalla del televisor... ¡comprado a plazos!
TELÓN.
FINAL DE LA ESCENA 2 DEL ACTO PRIMERO Y COMIENZO DE LA ESCENA 3 DEL ACTO PRIMERO
INT. OFICINA DE DON BURRO PRESIDENTE – DÍA
Escena: La misma oficina de Don Burro Presidente. Este se encuentra sentado en su sillón, con una pila de periódicos que usa como abanico. Ministro Enredos está de pie, mirando por la ventana con aire pensativo... o simplemente mirando al vacío. La puerta se abre y entra Consultín, arrastrando su eterna maleta de papeles en blanco, con los ojos más ojerosos que nunca.
NARRADOR
(Con voz confidencial, casi susurrando al público) ¡Y aquí volvemos, al epicentro del ingenio burocrático! Observen a Don Burro, que abanica su ignorancia con noticias que no lee, y al Ministro Enredos, cuya contemplación del paisaje es, sin duda, su forma más profunda de "gestión". Y miren a Consultín, el Fausto de las consultorías, ¡vendiendo su alma (y la del erario) por proyectos vacíos y facturas llenas!
(Consultín se acerca con pasos lentos, dejando caer la maleta con un golpe sordo que sobresalta a Don Burro Presidente.)
MINISTRO ENREDOS
(Se gira de golpe, con una sonrisa de alivio que le ilumina la cara de perezoso) ¡Ah, Consultín! ¡Mi salvador, mi oráculo de la papelería! ¡Justo a tiempo! Necesito su proverbial "talento" para una misión de suma... ¡urgencia y delicadeza!
CONSULTÍN
(Con un bostezo que intenta disimular, pero es tan grande que le cruje la mandíbula) ¿Una "misión", dice? ¿De esas que prometen ser cortas pero se alargan más que una fila en la Caja de Seguro Social? Mis ojos ya tienen ojeras más profundas que las arcas del Estado. ¿De qué se trata la nueva "emergencia" que me quitará el poco sueño que me queda?
DON BURRO PRESIDENTE
(Se endereza, asumiendo su aire presidencial) Consultín, mi estratega de lo invisible. El Ministro Enredos y yo hemos ideado la joya de la corona en materia de contratación: una excepción en una excepción excepcionalísima excepcionante. ¡Necesitamos ese contrato para nuestra... ¡ejem!... "experta en Talento Humano"!
CONSULTÍN
(Sus ojos cansados se abren un poco más, revelando una chispa de picardía) ¡Ah, la "Excepción de Excepciones"! ¡Mi especialidad, Presidente! Eso es como intentar atrapar el viento con una red de telarañas: ¡parece imposible, pero con la suficiente labia y papeles, se logra! ¿Y cuáles son los "atributos únicos" de esta... "experta" a quien debo vestir de "indispensable"?
MINISTRO ENREDOS
(Con los ojos brillando) ¡Claro! Recuerde: 'haber estudiado Programación Neurolingüística de la Felicidad Organizacional en el Tíbet mientras hacía un voluntariado con llamas'. ¡Y ser la ÚNICA en el UNIVERSO capaz! ¡Una verdadera "especialista en Monitoreo de Beneficiarios con Criterios de Afecto Preferencial"!
CONSULTÍN
(Asiente, tomando nota en una hoja en blanco) ¡Entendido! "Requisitos exclusivos", "experiencia inigualable"... ¡Ya veo el camino! Para que esto no levante sospechas en Doña Auditoría, debemos crear un "blindaje documental" impenetrable.
NARRADOR
(Se inclina hacia el público, voz de conspirador) ¡Y aquí viene la magia, señores! El arte de hacer creer que un "sello" es una "revisión", y una "firma de recibido" es un "visto bueno técnico". ¡Pura alquimia burocrática!
CONSULTÍN
(Con tono didáctico, casi un profesor de fraude legal) Primero, las justificaciones legales. No importa si las leyes hablan de compra de lapiceros o de viajes espaciales. ¡Mencionaremos artículos de cien leyes distintas! Artículos del Código de Contratación Administrativa, de la Ley de Aguas, del Código Penal (¡solo por si acaso!), de la Ley de Tránsito, ¡del reglamento para el uso de baños públicos! No importa que no digan nada sobre la necesidad, ¡lo importante es la cantidad! ¡Que parezca un tratado internacional!
DON BURRO PRESIDENTE
(Asombrado) ¡Maravilloso, Consultín! ¡Un "collage legal"! ¡Así, cuando Doña Auditoría lea, se cansará y dirá: '¡Demasiado legal para ser ilegal!'!
CONSULTÍN
(Con una sonrisa de satisfacción) Exacto. Y lo segundo, ¡la cadena de aprobaciones fantasmas! Crearemos una serie de "oficios" que no contienen nada, salvo la fecha y la hora. ¡Un "oficio de traslado" que mueve otro "oficio de recepción", que a su vez se refiere a un "oficio de anexo" de otro "oficio de consulta"!
MINISTRO ENREDOS
(Con la boca abierta) ¡Oh, el laberinto de la correspondencia sin contenido!
CONSULTÍN
(Levanta un dedo, serio) Precisamente. De tal manera que parezca que catorce jefes distintos y treinta y ocho subalternos lo "revisaron" y "aprobaron", cuando en realidad, ¡solo firmaron el "recibido" sin leer una sola palabra! ¡Cada firma será un eslabón en esta cadena de irresponsabilidad diluida! ¡Y cada documento, un muro más alto para Auditoría! ¡Es el "arte de la gestión pasiva-agresiva"!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se levanta de un salto, emocionado) ¡Consultín! ¡Usted es el Miguel Ángel de la burocracia, esculpiendo obras de arte con papeles vacíos! ¡Con este plan, la "Ruta Intergaláctica" tendrá su "Talento Humano" garantizado! ¡Y la factura, también!
MINISTRO ENREDOS
(Chocando las pezuñas con Consultín) ¡Salud, Consultín! ¡Por el ingenio que nos libra del trabajo y nos llena el alma... y el bolsillo!
Don Burro Presidente, Ministro Enredos y Consultín se ríen a carcajadas, brindando con tazas de café. El Ciudadano, en la pantalla del televisor, se frota los ojos con incredulidad.
NARRADOR
(Se quita el catalejo, con un suspiro que es mitad hastío, mitad admiración) Y así, mis sufridos compatriotas, el "plan" se gesta en las altas esferas. Donde la transparencia es una ventana empañada y la rendición de cuentas, un chiste de mal gusto. ¡En esta "República Ficticia S.A.", la "excepción excepcionalísima" es la regla, y el "talento" es solo una excusa para la... ¡incompetencia ajena! ¡Que el telón caiga, que aún queda mucho por desviar!
DON BURRO PRESIDENTE
(Suelta una carcajada, luego su sonrisa se congela) ¡Magnífico, Consultín! ¡Un plan de diez! Pero... (Su voz se vuelve un susurro conspirativo) hay un pequeño... detalle. Mi "experta en Talento Humano"... digamos que su experiencia en el sector público es tan... ¡fresca! ¡Tan recién salida del cascarón como un pollo! ¡Apenas le dio tiempo de aprender a usar la máquina de café en su último... ¡ejem!... "puesto de observación"!
MINISTRO ENREDOS
(Se rasca la oreja, preocupado) ¡Ay, Don Presi! ¡La experiencia! ¡Esa bendita y maldita "hoja de vida" que Auditoría revisa con lupa de joyero! ¡No podemos poner "experiencia en la vida" como requisito, aunque para esto sea lo único que sirva! ¡Se nos cae la "excepción excepcionalísima"!
CONSULTÍN
(Con una sonrisa enigmática, sacando un chequera de su maleta hueca y una pluma de ganso) ¡Ah, la "experiencia"! ¡Esa vieja amiga que se consigue en el campo, pero que en los despachos, mi estimado Ministro, se construye con... ¡ingenio jurídico y tinta china! Y, por supuesto, una módica suma adicional por la "activación de cláusulas dormidas".
DON BURRO PRESIDENTE
(Se endereza, sus ojos brillan con la avaricia de la solución) ¡Consultín! ¡No me diga que tiene una "razón jurídica" guardada bajo la manga para esto! ¡Una de esas que solo usted conoce, como si fuera un conjuro ancestral de leguleyos!
CONSULTÍN
(Asiente con solemnidad de notario, mientras desliza el cheque en blanco hacia Don Burro) ¡Precisamente, Presidente! Tengo una "Cláusula de Transferencia Axiomática de Experiencia Acumulada por Analogía Funcional Inversa". ¡Inédita! La desempolvé de un pergamino perdido en un archivo muerto. Bajo un nuevo... ¡cheque en blanco!... esta cláusula nos permite 'heredar' o 'transferir' la experiencia de... ¡un puesto inexistente pero perfectamente legal en el papel!
MINISTRO ENREDOS
(Con la boca abierta) ¡Una "transferencia de experiencia"! ¡Consultín, usted no es un consultor, ¡es un alquimista de currículums!
CONSULTÍN
(Le guiña un ojo al Ministro, luego a Don Burro) Digamos que la "experiencia" de un "ente público ficticio" que yo mismo "administré" en mis años mozos, puede, por esta "razón jurídica", ser atribuida temporalmente a nuestra "candidata estrella". Así, su falta de experiencia es, en realidad, ¡una "experiencia acumulada por proxy"! ¡Y lo mejor es que es una experiencia tan "fantasma" que Doña Auditoría jamás podrá auditarla! ¡Ni el más avezado sabueso fiscal encontrará el rastro!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se ríe a carcajadas, dando palmadas en la mesa) ¡Una "experiencia por proxy"! ¡Consultín, usted es el Dalí de las normas, el Gaudí de los contratos ¡Un genio perverso! ¡Con eso, ni los Santos Inocentes sospecharán! ¡Y mi "candidata" será la más experimentada de las inexperimentadas!
MINISTRO ENREDOS
(Con una sonrisa de oreja a oreja, mientras Don Burro firma el cheque en blanco sin mirar) ¡Maravilloso! ¡Una inversión en el futuro, Don Presi! ¡Y en la paz mental! ¡Porque la paz mental de no ser auditado, ¡no tiene precio... o sí, tiene un precio, y lo está firmando ahora mismo!
CONSULTÍN
(Recoge el cheque con disimulo, doblándolo cuidadosamente. Sus ojos cansados muestran un destello de triunfo.) ¡Un placer servir a la República... y a sus "talentos" más "ocultos"! Con esto, la "excepción excepcionalísima excepcionante" tendrá su "justificación experta" blindada. ¡Ahora, si me disculpan, tengo que ir a "materializar" esta "experiencia virtual" antes de que amanezca!
Consultín se retira con su maleta, dejando atrás a un Don Burro Presidente satisfecho y a un Ministro Enredos aliviado. El Ciudadano, en el televisor, se golpea la frente con la palma de la mano.
CIUDADANO
(Con una mezcla de incredulidad y resignación) ¡Pero bueno! ¿Ahora la experiencia se alquila como un traje? ¡Y uno pagando la universidad para que al final la experiencia te la venda un consultor en una cláusula de fantasía! ¡En este país, hasta las leyes tienen su "doble sentido" y su "precio" por debajo de la mesa!
NARRADOR
(Con voz monocorde, apuntando con el catalejo al cheque firmado en el escritorio) Y así, damas y caballeros, se escribe el guion de la "experiencia". No la que se gana con sudor, sino la que se compra con un trazo. En esta "República Ficticia S.A.", el mérito es una rareza, y la viveza, una profesión muy bien remunerada. ¡Que el telón caiga, que la comedia de la incompetencia con fondos no termina nunca!
TELÓN.
FINAL DE LA ESCENA 2 DEL ACTO PRIMERO Y COMIENZO DE LA ESCENA 3 DEL ACTO PRIMERO
INT. OFICINA DE DON BURRO PRESIDENTE – DÍA
Escena: La misma oficina de Don Burro Presidente. Este está sentado, con una expresión de satisfacción en el rostro, frotándose las manos. Ministro Enredos está a su lado, revisando unos papeles con una lentitud que parece imitar el ritmo de un glaciar. La puerta se abre con un leve chirrido y entra Consultín, el toro flaco, más pálido que de costumbre, con una pila de documentos en sus brazos y el ceño fruncido.
NARRADOR
(Con voz de pitonisa que vaticina desventuras) ¡Ay, la dulce paz de la labor concluida! O, al menos, la labor "encomendada" y "facturada". Pero, ¡ay de aquel que celebra antes de tiempo! En el tablero de esta "República Ficticia", siempre hay un alfil incómodo, un peón malintencionado o una reina llamada "red social" que puede jaquear el mejor de los planes. Consultín, nuestro oráculo de la supervivencia burocrática, trae consigo no solo papeles, ¡sino también la sombra de un escándalo pasado!
(Consultín se acerca con pasos cautelosos, dejando la pila de papeles sobre el escritorio con un golpe seco que hace saltar a Don Burro Presidente y al Ministro Enredos. Sus ojos, más cansados que nunca, recorren la habitación.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con tono eufórico, sin percibir la seriedad de Consultín) ¡Consultín, mi estratega de lo imposible! ¡Venga, venga! ¡Qué alegría! ¡Ministro Enredos y yo ya hemos avanzado como flecha envenenada con este contrato de "Talento Humano"! ¡Las firmas van que vuelan, y la "experiencia por proxy" parece más real que mi último discurso de campaña!
MINISTRO ENREDOS
(Con una sonrisa boba, asintiendo) ¡Sí, Consultín! ¡Estamos a punto de envolver a la "excepción excepcionalísima" en un manto de legalidad tan tupido que ni el aliento de Doña Auditoría lo traspasaría! ¡Solo falta el moño!
CONSULTÍN
(Con voz grave, casi un siseo, ignorando el optimismo ajeno) ¡Alto ahí, mis preclaros próceres de la burocracia! ¡No cantemos victoria antes de que el gallo cante la desventura! Con todo este "avanzar", ¡no olvidemos los papeles! ¡Que no nos pase como a la Municipalidad de Villa-Mora en el año 23 con aquella compra de servicio... ¡ejem!... DRAG!
DON BURRO PRESIDENTE
(Su sonrisa se congela, sus orejas se agitan nerviosas) ¿Villa-Mora? ¿DRAG? ¡Ah, sí! ¡Ese oscuro episodio que casi me cuesta perder dos puntos en las encuestas de Twitter! ¿Qué pasó con aquello, Consultín? ¡Mis "súbditos" de las redes son muy volátiles! ¡Un chisme y se van con la oposición!
CONSULTÍN
(Niega con la cabeza, con un suspiro de hastío) ¡Exacto, Don Presi! Aquella compra, por más "excepcional" que la vendieran, ¡no cumplía la ley ni en el espíritu ni en la letra! No tenían la justificación adicional del uso de la excepción (aparte de la excepción misma) y mucho menos el estudio previo en SICOP. ¡Una chapuza tan grande que ni maquillándola con purpurina pasaba!
MINISTRO ENREDOS:
(Con una mueca de asco) ¡Oh, el SICOP! ¡Esa telaraña digital donde los papeles deben ser tan transparentes como el agua... ¡y nosotros operamos en aguas turbias! ¿Y por qué se les cayó, Consultín? ¡Más allá de la falta de "esmero legal"!
CONSULTÍN
(Con un tono sarcástico que podría cortar el aire) ¡Por dicha, Ministro, se declaró infructuosa! ¡Por defectos en la oferta (¡quién sabe si les faltó un sello, o les sobró la vergüenza!) y, sobre todo, por el escándalo en redes sociales! ¡El pueblo, que a veces es tonto, pero en bandada es feroz, se les echó encima! ¡Así, se salvaron de un peculado por puro chismorreo digital!
DON BURRO PRESIDENTE
(Palidece, sus ojos fijos en el televisor donde un influencer hace un baile ridículo) ¡Las redes! ¡Mi karma! ¡Mi Waterloo digital! ¡Consultín, no quiero otra Villa-Mora! ¡No quiero que mi nombre de "Don Burro Presidente" se asocie con "escándalos de nombres raros"!
CONSULTÍN
(Asiente con gravedad teatral) ¡Precisamente, Presidente! Por eso, mi consejo de oro: ¡no hagamos el nombre de esta compra tan llamativo! ¡La sutileza es el arte de la buena maldad! No es lo mismo decir que usted contrata un "Taller Artístico de Expresión Corporal para el Fortalecimiento del Liderazgo Inclusivo"... que decir que contrata un "Taller DRAG para la Empatía Intercultural". ¡Aunque el contenido fuera el mismo, la reacción en redes es un abismo!
MINISTRO ENREDOS
(Suelta una risotada, luego su cara se vuelve una incógnita) ¡Jajajaja! ¡Taller DRAG! ¡Qué ocurrencia! Un momento... (Se acerca a Consultín con curiosidad infantil) Consultín, ¿y qué es eso de... DRAG? ¿Es algún tipo de equipo pesado para la obra vial, pero... ¡con qué!?
CONSULTÍN
(Con una calma sepulcral, mirando a los ojos a Ministro Enredos, como si le revelara un secreto cósmico) Ministro... DRAG es... (hace una pausa dramática, casi un redoble de tambores)... es un arte escénico. Donde... artistas, usualmente hombres, se transforman en personajes femeninos exagerados y glamurosos, con vestuarios exhuberantes, maquillaje teatral, pelucas gigantes y... ¡mucho playback! ¡Es una celebración de la identidad, la autoexpresión y la... ¡ejem!... diversidad artística!
(La cara del Ministro Enredos pasa por todas las gamas del asco y la incredulidad, hasta que se pone verde. Parece que va a vomitar. Don Burro Presidente lo mira con curiosidad.)
MINISTRO ENREDOS
(Traga saliva con dificultad, su voz estrangulada) ¡Puaj! ¡¿Pe-pero... qué barbaridad?! ¡¿Hombres... vestidos de... ¡de eso?! ¡Mi estómago de funcionario puritano no está preparado para tanto "arte"! ¡Mi "moral conservadora" está haciendo huelga interna!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con una risa nerviosa) ¡Ministro, por favor! ¡Compostura! ¡Que la imagen es todo!
MINISTRO ENREDOS
(Se recompone con un esfuerzo supremo, su cara aún verdosa, pero su mente ya maquilando. Mira a Don Burro con una sonrisa forzada, pero astuta) ¡No importa! ¡No importa, Don Presi! ¡Todo sea por la "inclusión"! ¡Todo sea por el dinero... y por las minorías! ¡Al final, el gobierno... (se da unas palmadas en el pecho con grandilocuencia)... vela por todos, ¡cueste lo que cueste! ¡Aunque nos cueste el estómago y la reputación, Don Presi, ¡el erario público siempre estará dispuesto a pagar la "diversidad"!
(Ministro Enredos se tambalea un poco, pero recupera la compostura, su mirada ya fija en la posibilidad de justificar el gasto. Consultín sonríe con cansancio. Don Burro Presidente asiente, aliviado de no tener que explicar más.)
CONSULTÍN
(Detiene su caminar y se vuelve hacia ellos, con una mirada de quien acaba de descubrir lazo negro) Mis queridos y... ¡ejem!... honorables jefes. Hay un último cabo suelto. Aunque blindemos el contrato con mil leyes y la experiencia sea más fantasma que la moral en esta oficina, Doña Auditoría es un sabueso. Siempre puede invocar la prohibición... o peor aún, la prohibición sobreviniente. ¡Esa que se inventa cuando ya no tiene más argumentos, pero sabe que algo huele a podrido!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se echa hacia atrás en su silla, asustado) ¡La prohibición sobreviniente! ¡Esa es la peor! ¡Es como un rayo caído del cielo burocrático, que te fulmina sin aviso y te deja el contrato hecho cenizas! ¡Consultín, no quiero que mi "talento humano" se haga cenizas!
MINISTRO ENREDOS
(Se frota las sienes, con un dolor de cabeza que le da solo al pensar en la legalidad) ¡Exacto! ¡Hecha la ley, hecha la trampa! Pero esta Doña Auditoría parece que conoce las trampas antes de que las hagamos. ¿Qué hacemos, Consultín? ¡Necesitamos una trampa más grande, una que ella no vea venir!
CONSULTÍN
(Sonríe con una malicia que lo hace parecer menos cansado por un instante) ¡Mi Ministro, su sabiduría es proverbial! Precisamente por eso... ¡propongo que la compra la haga un ministerio independiente!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con los ojos desorbitados) ¡¿Un ministerio... independiente?! ¡Pero si apenas puedo controlar los que ya tengo! ¿Y de dónde sacamos un ministerio nuevo así, de la nada?
CONSULTÍN
(Con aire de quien revela un tesoro) ¡Ahí está la genialidad, Presidente! ¡No un ministerio nuevo, sino uno existente pero tan... ¡ejem!... "apartado" de las luces, tan "poco relevante" en el presupuesto, tan "especializado en nimiedades", que su contratación de esta "consultoría de Talento Humano" pasará desapercibida como un eructo en un concierto de ópera.
MINISTRO ENREDOS
(Suelta una carcajada, golpeando la mesa) ¡Un ministerio invisible! ¡El camuflaje perfecto! ¡Como un ornitorrinco en un estanque de patos! ¡Nadie esperaría que de ahí saliera la "excepción excepcionalísima"!
CONSULTÍN
(Asiente con gravedad) Exacto. Un ministerio cuyo nombre evoque lo inocuo, lo puramente técnico. Como el "Ministerio de Regulación de la Velocidad del Crecimiento de la Hierba en Caminos Vecinales" o el "Viceministerio de Estandarización del Tamaño de las Burbujas en las Gaseosas Nacionales". Ellos, con su presupuesto modesto pero legal, ¡contratarían a la experta en "Talento Humano"!
DON BURRO PRESIDENTE
(Suelta una risa ahogada, imaginando la escena) ¡Brillante, Consultín! ¡Así Doña Auditoría no verá la conexión! ¡Será como buscar una aguja en un pajar... ¡hecho de otros pajares! ¿Y la nulidad? ¿La prohibición?
CONSULTÍN
(Se encoge de hombros, con un aire de invencibilidad) ¡Nulidad? ¡Prohibición? ¡Imposible! ¡El contrato lo firma otra entidad, ajena a este círculo de "intereses superiores"! ¡Ellos no tendrían la "prohibición sobreviniente" porque... ¡no están en nuestro radar de "malas mañas"! ¡Hecha la ley, hecha la trampa, Presidente! ¡Y si la ley se pone muy lista, ¡inventamos otra ley, u otro ministerio, para hacerle la trampa a la trampa! ¡Es el juego del gato y el ratón, solo que aquí, el ratón tiene ases bajo la manga y el gato usa lentes para leer los reglamentos!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se levanta, exultante, y abraza a Consultín con entusiasmo) ¡Consultín! ¡Usted es el Houdini de la burocracia, liberándonos de las cadenas de la legalidad! ¡Por la "República Ficticia S.A."! ¡Que se prepare la "candidata", que su puesto es más seguro que el dinero en una cuenta offshore!
MINISTRO ENREDOS
(Mirando a Consultín con admiración y un brillo de complicidad en los ojos) ¡Y yo que creía que mi mayor talento era esquivar reuniones! ¡Me quito el sombrero, maestro! ¡La "transparencia opaca" es la nueva frontera del servicio público!
Don Burro Presidente, Ministro Enredos y Consultín se felicitan mutuamente, con sonrisas de victoria. El Ciudadano, en la pantalla del televisor, se tapa la cara con ambas manos, resignado.
CIUDADANO
(Con voz apenas audible, un lamento ahogado) ¡Ministros independientes, clausulas fantasma, experiencia por proxy! ¡Y yo, el tonto, pagando para que estos genios inventen cómo robar con elegancia! ¡En este país, ni el "peculado" es directo, hay que pagar una consultoría para que lo camufle!
NARRADOR
(Se inclina hacia el público, con un suspiro de resignación cómica) Y así, queridos contribuyentes, se teje la intrincada red del poder. Donde el ingenio se pone al servicio de la evasión, y la "independencia" es solo una máscara para la conveniencia. ¡En esta "República Ficticia S.A.", la "trampa" no es un error, ¡es un "modelo de gestión" con respaldo legal... o al menos, burocrático! ¡Que el telón caiga, que la astucia es un pozo sin fondo!
TELÓN.
FINAL DE LA ESCENA 3 DEL ACTO PRIMERO Y COMIENZO DE LA ESCENA 1 DEL ACTO SEGUNDO
ACTO SEGUNDO – EL OJO QUE TODO LO VE (Y LO COBRA)
ESCENA 1 del ACTO SEGUNDO
INT. OFICINA DE DOÑA AUDITORÍA – DÍA
(La oficina de DOÑA AUDITORÍA es un templo a la pulcritud y al orden. Pilas de expedientes meticulosamente clasificados se elevan como montañas de papel. En el centro, un escritorio inmenso de roble macizo, tan imponente como ella. Doña Auditoría, la vaca con traje ejecutivo, se mueve con la precisión de un notario, ajustándose unas gafas que parecen tener rayos X. En su mano, una pluma de acero que podría firmar sentencias. Se escucha de fondo un tic-tac de reloj que marca el compás de la burocracia.)
NARRADOR
(Con voz grave y un toque de sorna, como quien se relame antes del festín) ¡Oh, público amado, que la expectación os embargue, que en esta escena se descorre el velo de lo arcano! Aquí, donde la ley no es letra muerta, sino viva fusta, y la pulcritud, más virtud que simple adorno.
Contemplen a Doña Auditoría, adalid de las cuentas claras, con la mirada que atraviesa muros y maletas, y el olfato que detecta el tufillo de la trampa. Es la guardiana de los dineros, la celadora del erario, y su sombra, más larga que el discurso de un diputado, persigue al bribón con celo de sabueso.
Vedla, señores, en su sagrado aposento, donde el desorden es pecado y la coima, anatema.
DOÑA AUDITORÍA
(Ajustándose las gafas con un gesto adusto, su voz, un bramido que haría temblar la tinta de los contratos)
¡Que la luz de la verdad ilumine este despacho, y que el tufo a descaro no empañe mis cristales!
¡Otro contrato de "Talento Humano" que me llega!
¡Y huele a chamusquina, a legajo manoseado!
¡Más raro que un diputado pidiendo perdón!
¡Qué será, Dios mío, de esta patria donde el mérito es milagro y el "talento" se mide por la audacia del timo!
(Doña Auditoría toma un expediente voluminoso, lo abre con un chasquido que resuena en la sala. Frunce el ceño, sus ojos láseres escanean las páginas.)
DOÑA AUDITORÍA
(Leyendo con voz cada vez más alta, casi un relincho de indignación)
"Cláusula de Transferencia Axiomática de Experiencia Acumulada por Analogía Funcional Inversa"...
¡Por mis cuernos, que esto es latín de leguleyos ebrios!
¿Experiencia en qué, no entiendo en qué? ¡Más bien por descaro!
¿Y la "experta", recién salida del cascarón, con un máster en "Relaciones Públicas" y un doctorado en "Influencia Personal y Manejo de Expectativas ajenas"?
¡Vaya currículum para desviar dineros y no sentir vergüenza!
¡Esto es como pedirle a un ciego que sea catador de vinos finos! ¡O a un mudo, pregonero de la feria!
(Entra en escena, sin llamar, un pasante, joven y tembloroso, con un café en la mano que gotea por el nerviosismo. Se llama INOCENCIO.)
INOCENCIO
(Con voz que apenas se le escucha, al borde del desmayo)
Doña Auditoría... le traigo el café... con... con doble de cafeína... para la "lectura crítica" de hoy.
Y... y un "reporte" de lo que sus redes sociales dicen de los "talentos" nuevos.
Dicen que "un rayo no cae dos veces en el mismo lugar"... ¡pero un "consultor" sí, y cobra doble!
DOÑA AUDITORÍA
(Lo mira con la lupa, casi atravesándolo)
¡Inocencio, que tu nombre no te haga ingenuo! ¡Aquí no hay rayos, sino tramas, y los consultores, cual langostas, devoran el erario a cada paso que dan!
¿"Reporte de redes"? ¡Más vale que sea más claro que el agua de manantial,y no el fango de excusas que me traen esos... "honorables"!
(Inocencio, aterrado, deja el café y el reporte sobre el escritorio, y se escurre de la oficina como una anguila. Doña Auditoría, con un suspiro, toma el reporte y empieza a leer. Sus ojos se abren de par en par.)
DOÑA AUDITORÍA
(Exclamando, con un tono que va de la incredulidad al enfado)
¿Y el costo? ¡Más alto que la deuda externa!
¡Santo cielo, que me da un infarto de puritanismo!
¡Esto es un sacrilegio a la honestidad y al presupuesto!
¡Más grotesco que un presupuesto con superávit!
¡Y se atreven a llamarlo con "inclusión" y "diversidad"!
¡Mis ojos de funcionaria decente no soportan tanta... "creatividad"!
(Doña Auditoría se levanta de golpe, golpeando el escritorio con el puño. El café derrama, los expedientes tiemblan. Sus ojos echan fuego.)
DOÑA AUDITORÍA
(Murmurando para sí misma, con la voz ahogada por la indignación, sus ojos saltando de una línea a otra)
¡No puede ser! ¡Esto es una burla, una afrenta al sentido común!
¡"Contratación directa por inexistencia de oferentes"... ¡Pero si el mercado está atestado de ellos, como moscas en un postre!
¡Y la "urgencia manifiesta"... para comprar lápices de grafito! ¡Más "urgente" que la necesidad de que estos ladrones devuelvan lo robado!
¡La "excepción excepcionalísima excepcionante"!¡El nombre es tan pomposo como el ego de un político en campaña! ¡Y el contenido, más vacío que una promesa electoral!
¡Ni el mismísimo Gato Feliz hubiera hilado una mentira tan… “creativa”!
(Doña Auditoría se apoya en el escritorio, su mirada se pierde en el vacío, como si viajara en el tiempo. Un atisbo de nostalgia y asombro se dibuja en su rostro.)
DOÑA AUDITORÍA
(Su voz se suaviza, volviéndose etérea, como un eco del pasado)
¡Ah, los tiempos mozos! ¡Cuando mi abuelo, el venerable Pacto Social Interino, ¡me llamaba “Tribunal de Cuentas” con tanto orgullo! Y mi abuela, la dulce Pacto de Concordia, me enseñó a sumar y restar con pulcritud.
Luego mis padres, a quienes no les gustaba mi primer nombre, "Oficina de Control", tan seco, tan sin alma… Ellos me bautizaron “Contraloría”, con la promesa de ser justa y severa. Aunque todos me ven como auditoria.
¡Y mis primeros dos novios! Amadeo Quirós Blanco, tan recto, tan cuadriculado… Me enseñó a ver los números con microscopio, a oler la tinta fresca del fraude.
Y Rodolfo Castaing Castro, el romántico de los balances… Con él aprendí que hasta en la contabilidad había poesía… y que el desvío era la antítesis del arte.
¡Aquellos eran tiempos de caballeros que robaban con estilo, si acaso robaban! ¡No como ahora, que el descaro no tiene ni rima ni vergüenza!
(De repente, Doña Auditoría abre los ojos con furia renovada. La nostalgia se esfuma, reemplazada por la rabia. Golpea el escritorio con la palma de la mano, haciendo que los expedientes salten.)
DOÑA AUDITORÍA
(Volviendo a su tono habitual, un bramido que hace temblar las paredes)
¡Pero qué tonterías digo! ¡El pasado es para los museos y las memorias melancólicas!
¡Aquí lo que hay es presente, y huele a podrido, a presupuesto malversado!
¡No hay tiempo para romanticismos ni para recuerdos de viejos amores!
(Se inclina sobre la mesa, sus ojos escudriñan los documentos con renovada ferocidad)
¡Cuentas por pagar sin respaldo! ¡Más fantasmas que en un cementerio en Halloween!
¡Cheques sin nombre, como anónimos de un amante despechado!
¡Recepciones provisionales sin firmar! ¡Más vacías que la cabeza de un burócrata en vacaciones!
¡Y recepciones definitivas sin acta de trabajos!
¡Esto es como un matrimonio sin fiesta, sin testigos, y sin luna de miel!
¡No es "excepción excepcionalísima", es "estafa excepcionalísima", con agravantes y premeditación!
¡Les juro por mi honor y por cada céntimo que me han robado, que esta "excepción" se les va a atragantar como hueso de pollo! ¡Y no habrá abogado que les saque de este embrollo!
TELON.
FINAL DE LA ESCENA 1 DEL ACTO SEGUNDO Y COMIENZO DE LA ESCENA 2 DEL ACTO SEGUNDO
ACTO SEGUNDO – EL OJO QUE TODO LO VE (Y LO COBRA)
ESCENA 2 del ACTO SEGUNDO
INT. OFICINA DE DOÑA AUDITORÍA – DÍA
(La oficina de DOÑA AUDITORÍA está sumida en un silencio tenso. La luz del día se filtra con dificultad por las ventanas, creando un ambiente casi detectivesco. Doña Auditoría, la vaca con traje ejecutivo, se pasea de un lado a otro, visiblemente inquieta. Su ceño está fruncido y sus manos, cruzadas a la espalda, se aprietan con fuerza. Sobre el escritorio, un teléfono de disco de baquelita negra, imponente y anacrónico, espera. De repente, el teléfono suena con un timbre estridente que rompe el silencio. Doña Auditoría se detiene en seco, mira el teléfono con recelo, como si fuera una serpiente, y finalmente lo descuelga con un gesto brusco. Su voz, al principio contenida, irá revelando la frustración y la indignación.)
NARRADOR
(Con voz de quien desentraña un misterio, susurrando con complicidad)
¡Silencio, público, que el misterio se cierne! Aquí, donde la palabra no dicha pesa más que mil discursos, Doña Auditoría, cual médium de la burocracia, dialoga con la voz que la ungió, con la que todo lo puede. La Asamblea Legislativa, la mano que mece la cuna… y a veces, la que la zarandea sin piedad. Escuchad sus respuestas, sus réplicas, sus murmullos de asombro, y adivinad la maraña que se teje al otro lado del hilo. ¡Que la tensión os acompañe, que el enredo es sublime!
DOÑA AUDITORÍA
(Acercando el auricular a su oreja, su voz, un murmullo tenso)
¿Sí? Aquí Doña Auditoría. ¿Quién osa interrumpir mi sagrado escrutinio?
(Hace una pausa, escuchando con atención, su expresión se endurece)
¡Ah, su señoría, la honorable Asamblea Legislativa! Me honra su llamada... aunque no sé si tanto a estas alturas.
(Asiente lentamente, con una mueca amarga. Parece que la voz al otro lado le está haciendo una pregunta incómoda. Suelta un pequeño bufido de exasperación)
¿Que cómo van las cosas? ¡Van como el cangrejo, su señoría! ¡Hacia atrás y con el lodo hasta el cuello!
(Escucha de nuevo, sus ojos se cierran por un instante, como si contuviera una explosión)
¿Si estoy "preocupada" por la gestión del Presidente y el Ministro? ¡"Preocupada" es poco, su señoría! ¡Estoy al borde de la apoplejía burocrática! ¡Estoy más alterada que político sin micrófono!
(Pausa, asiente con la cabeza, sus labios se aprietan)
¿Que si he notado un "patrón" en sus acciones? ¡Un patrón, dice usted! ¡Esto es una maraña, un tejido de argucias que ni Penélope en su telar! ¡Un laberinto de "consultorías" y "excepciones" que haría ruborizar al mismísimo Minotauro!
(Suelta una risa corta y amarga, casi un relincho de incredulidad.)
¿La "consulta de siempre"? ¡Ah, sí, esa joya de la corona del despilfarro!
(Su voz se eleva con ironía)
¡Sí, su señoría, la misma y eterna " Monitoreo de empresas y personas beneficiarias de proyectos de Talento Humano"! ¡La misma que llevan pagando desde que Colón descubrió América... y todavía no sabemos ni cómo comprar papel higiénico con decencia!
(Niega con la cabeza, exasperada)
¿Que si detecto una falta de experiencia o capacidad real? ¡Más que falta, su señoría, ¡es una ausencia total, una vacuidad cósmica! ¡La misma que encontraría un explorador en un pozo sin fondo! ¡Dicen tener "experiencia acumulada" y lo único que acumulan son deudas y expedientes incompletos!
(Doña Auditoría se aprieta el puente de la nariz, como si el dolor de cabeza fuera insoportable.)
DOÑA AUDITORÍA
¿Incompleto? ¡Incompleto es un eufemismo, su señoría!
(Suelta una carcajada histérica, sin humor)
¡Los informes son más vagos que una promesa de campaña! ¡Las cuentas, más confusas que un discurso de economista! ¡Y las recepciones de trabajo... ¡simplemente no existen! ¡Es como si el trabajo se hubiera esfumado en el aire, o se hubiera teletransportado directamente a sus cuentas bancarias!
(Se detiene, escucha con los ojos fijos en un punto lejano. Su expresión se vuelve más grave, casi de desesperación. Su voz baja de tono, casi un lamento)
¿Que qué podemos hacer? ¡Esa es la pregunta del millón de dólares, su señoría!
(Suspira profundamente, el cansancio se asoma en su voz)
Ellos tejen y destejen, amparan sus desmanes en el laberinto legal, se escudan en la "complejidad de la gestión". Dicen que la inexperiencia los lleva al error, ¡pero el bolsillo les crece con una experiencia que da escalofríos!
(Pausa, suelta un gruñido)
¡No, su señoría, no estoy siendo "demasiado dura"! ¡Estoy siendo "demasiado auditora", que es lo que me toca! ¡Y ellos, "demasiado descarados"!
(Escucha un último comentario del otro lado, su rostro se contrae en una mueca de disgusto)
¿"Que tenga cuidado"? ¡Cuidado es lo que tengo yo, su señoría! ¡Cuidado de que no me dé un aneurisma viendo tanto despropósito!
(Cuelga el teléfono con un golpe seco, casi con rabia, mirándolo como si fuera el culpable de todos sus males. Se pasa la mano por la cara, exhausta, pero con la determinación renovada. Luego, para sí misma, con la voz cargada de un nuevo propósito)
¡Cuidado dicen! ¡Pues que tengan ellos cuidado! ¡Porque esta vaca no se rinde, y si ellos tejen, yo deshilacho! ¡Y al final, solo quedará la madeja de sus delitos al descubierto! ¡Que la "consulta" se les convierta en consulta con un buen abogado penalista!
(Apenas ha terminado de hablar cuándo, para su exasperación, el teléfono de disco vuelve a sonar con un timbre agudo y persistente. Doña Auditoría clava la mirada en el aparato, como si pudiera fulminarlo con los ojos. Suspira, camina lentamente hacia él y lo descuelga con un aire de fatalidad resignada. Su voz, al principio controlada, irá subiendo de tono con cada revelación.)
NARRADOR
(Con tono de quien se relame ante el infortunio ajeno, casi con deleite)
¡Ay, ay, ay! ¡Cuando uno piensa que el día no puede empeorar, la rueda del infortunio gira con nuevos enredos!¡Ni más ni menos que el Ministro de Hacienda, el prestidigitador de los números, el ilusionista de las arcas!¡Que la hilaridad de la indignación nos invada!
DOÑA AUDITORÍA
(Con un tono que denota cansancio, pero también un atisbo de curiosidad)
¿Sí? Doña Auditoría de nuevo. ¿Quién tiene el placer de interrumpir mi... mi proceso de exhumación de verdades?
(Hace una pausa, escucha con atención. Su ceño se frunce lentamente, y una expresión de incredulidad comienza a dibujarse en su rostro.)
¿Ministro de Hacienda? ¡Vaya, vaya! ¡La suerte me sonríe hoy con visitas ilustres... o más bien, con dolores de cabeza persistentes!
(Asiente varias veces, con un gesto de impaciencia contenida. Suelta un resoplido indignado)
¿Que si he notado los "movimientos atípicos" en los fondos? ¡"Atípicos" es una forma elegante de decir que el dinero tiene alas, su señoría! ¡Y que vuela más rápido que la noticia de un bono extra para los diputados!
(Escucha con una mueca de asco, sus ojos se clavan en el vacío)
¿"Disminuciones y aumentos" de partidas presupuestarias? ¡Más bien "desapariciones y apariciones" como si el presupuesto fuera un juego de magia barata! ¡Hoy hay fondos para medicinas, mañana para fiestas y el día siguiente, ni rastro! ¡Esto es un truco de Houdini, pero sin el talento!
(Suelta una carcajada sarcástica, sin pizca de humor.)
¿Que si los saldos no cuadran? ¡"No cuadran" es la palabra más suave que he escuchado en años! ¡Esto es una ensalada de números, una bacanal de cifras que ni un astrónomo borracho podría descifrar! ¡Los balances son más transparentes que una pared de concreto, y los egresos... ¡esos sí que tienen la puntería de un francotirador para vaciar las cuentas!
(Pausa, su voz se carga de una furia creciente)
¿Y las facturas, dice usted? ¡Ah, las facturas! ¡Esas obras de arte del engaño!
(Eleva el tono, casi gritando al auricular)
¡Sí, su señoría! ¡Las "facturas repetidas"! ¡Una y otra vez, la misma bendita factura pagando compras diferentes! ¡Es como si quisieran venderme la misma burra tres veces, ¡pero con diferente lazo! ¡Y para colmo, en compras tan dispares como "servicios de catering para eventos institucionales" y "adquisición de insumos de oficina"! ¡Acaso servimos café y galletas en la sala de juntas con las hojas de cálculo?
(Doña Auditoría se lleva la mano a la sien, el dolor de cabeza es evidente.
¿Que "es un error del sistema" o "una falla humana"? ¡Por mis cuernos, su señoría! ¡Si el "sistema" fuera tan torpe, ya lo habríamos despedido! ¡Y si la "falla humana" se repite con tanta consistencia, ya no es falla, ¡es una política de estado! ¡Aquí hay más maña que inexperiencia!
(Escucha la voz al otro lado, que parece intentar justificar lo injustificable. Doña Auditoría niega con la cabeza con vehemencia.)
¡No, su señoría! ¡No me venga con el cuento de la "optimización de los recursos compartidos"! ¡Lo único que comparten aquí es la factura de la misma compra! ¡Y el "ahorro" es para sus bolsillos, no para el erario! ¡Esto no es "ahorro", es "saqueo a granel"!
(Suelta un bufido de frustración y desesperación. Se apoya en el escritorio, su mirada fija en el horizonte, como si pudiera ver las cuentas bailar tango. Con voz más calmada, pero cargada de una amenaza velada)
¿Que "qué voy a hacer"? ¡Voy a hacer lo que siempre hago, su señoría! ¡Auditar, investigar y sacar a la luz hasta la más mínima migaja de fraude! ¡Voy a poner los puntos sobre las íes, y las cuentas sobre la mesa! ¡Y si para eso tengo que deshilachar cada partida, cada movimiento, cada bendita factura... ¡lo haré!
(Escucha una última réplica, un intento de calmarla o disuadirla. Sus labios se curvan en una sonrisa fría.)
¿"Que sea comprensiva con la situación del país"? ¡Claro que soy comprensiva, su señoría! ¡Comprendo perfectamente que están tratando de engañarme, y que el país está pagando la factura de su "comprensión"! ¡Pero mi comprensión termina donde empieza el delito!
(Cuelga el teléfono con un golpe seco y ruidoso, casi tirándolo sobre la mesa. Se queda de pie, respirando con dificultad, sus puños apretados. Su mirada es de pura determinación. Para sí misma, con la voz cargada de un nuevo y feroz propósito)
¡Dineros que se mueven y no se mueven, saldos que no cuadran, facturas que se repiten! ¡La misma burla, el mismo descaro! ¡Pero esta vez, el truco de magia les saldrá muy, muy caro! ¡Porque esta vaca, que no baila al son de nadie, los va a poner a bailar al son de la ley! ¡Y no habrá saldo en cero que los salve!
¡Que me dirán Don Burro y a ese Ministro Enredos!
¡Les voy a aplicar la "prohibición sobreviniente" con intereses!
¡Les juro por los siglos de los siglos que este "talento" se les va a quedar en el alma, y el dinero, ¡en las arcas del Estado!
¡Que la Patria me exige audacia... para auditar!
NARRADOR
(Con voz de quien ya sabe el final, y no es bueno) ¡Y así, mis amigos, la calma se torna tempestad! La ley, que parecía dormir, despierta con furia. Y la vaca, que todo lo ve, desata su ira.
¡Que tiemblen los contratos, que se estremezcan los bolsillos, pues Doña Auditoría, con su lupa y su celo, se apresta a desenmascarar la farsa, y a poner en su sitio a tanto caradura! ¡Que el telón caiga, que la justicia, aunque lenta, se aproxima!
TELON.
FINAL DE LA ESCENA 2 DEL ACTO SEGUNDO Y COMIENZO DE LA ESCENA 1 DEL ACTO TERCERO
ACTO TERCERO – EL PRECIO DE LA INFAMIA
ESCENA 1 del ACTO TERCERO
INT. OFICINA DE DON BURRO PRESIDENTE – DÍA
(La oficina de DON BURRO PRESIDENTE, antes suntuosa y apacible, ahora parece un campo de batalla post-noticia. Periódicos con titulares escandalosos ("¡TRAFICO DE INFLUENCIAS AL DESCUBIERTO!", "¡LA REPÚBLICA FICTICIA, SA!") están desparramados por el suelo y sobre los muebles. La televisión, en un rincón, muestra un noticiero con gráficos de flechas apuntando a cifras astronómicas. Se escucha el eco de un debate acalorado en la radio. DON BURRO PRESIDENTE, se siente como toro en plaza ajena, está sentado en su imponente silla, desaliñado, con la corbata floja y una expresión de profundo agobio, como quien ha perdido el último partido de la Selección. A su lado, el MINISTRO ENREDOS, más pálido que fantasma de contabilidad, sostiene una tableta donde las redes sociales vomitan fuego.)
NARRADOR
(Con voz de quien anuncia el apocalipsis, pero con una sonrisa picarona)
¡Oh, tiempos aciagos, oh, patria desdichada, donde ni el gol postrero ni la gesta futbolera pueden acallar el fragor de la justa indignación! Contemplad al César de la desidia, a Don Burro, más afligido por el qué dirán que por el qué hicieron. Que los periódicos claman, la televisión vocifera, y las redes, cual jauría desatada, ladran sin piedad. Y el Ministro Enredos, cual pitonisa del desastre, le desgrana las nuevas, una a una, como uvas podridas. ¡Que la vergüenza, que en ellos no habita, al menos les cause un resfriado!
MINISTRO ENREDOS
(Con voz baja y temblorosa, como quien lee su propia sentencia)
Mi Presidente... Mi estimado y muy honrado Don Burro... Las noticias no son... no son precisamente un cántico de cisne. Más bien, un concierto de grillos en temporada de secas. (Levanta un periódico con el titular más grande) Aquí, en "La Crónica del Saqueo": "¡Red de Tráfico de Influencias Sacude los Cimientos del Gobierno!" ¡Dicen que somos la telaraña más grande desde el descubrimiento de la imprenta!
DON BURRO PRESIDENTE
(Suspira profundamente, como si cargara el peso del presupuesto nacional en sus hombros, pero sin sentirlo)
¡Ay, Ministro, Ministro! ¡Qué ingratas son las letras cuando no alaban! ¡Y qué crueles los periodistas cuando no reciben su "incentivo" a tiempo! ¿"Red de tráfico de influencias"? ¡Pero si yo solo "influyo" para que la gente trabaje menos y gane más! ¡Eso es filantropía, no felonía! ¡Más bien, es "red de pesca", y el pueblo, el pez que pica el anzuelo de mis promesas!
MINISTRO ENREDOS
(Deslizando el dedo por la tableta, su voz se vuelve más grave)
En redes sociales, Presidente... ¡Ni la final de fútbol, ni el partido de la Selección... ¡han logrado desviar la atención! ¡La gente está más pendiente de sus... "movimientos bancarios" que del gol de la victoria! Dicen que "su administración es un gol en propia puerta". Y que "el único balón que mueven es el de los fondos públicos".
DON BURRO PRESIDENTE
(Se lleva las manos a la cabeza, no por arrepentimiento, sino por el fastidio)
¡Qué mala suerte la mía! ¡Ni con una victoria épica de la Selección consigo un respiro! ¡Y pensar que planeaba un tuit de "ánimo" para desviar la atención! ¡Ahora no podré "solidarizarme" con la afición y con el... "pueblo que canta victorias en una nube de humo en la rotonda de San Pedro"! ¡Pero qué pueblo más exigente! ¡No aprecian el arte de la buena vida... pagada por ellos! ¡Si supieran lo estresante que es esto de la "gestión transparente"!
MINISTRO ENREDOS
(Traga saliva, levantando otro periódico)
Aquí, "El Diario de la Desvergüenza": "¡Cuentas Fantasma y Facturas Gemelas Desnudan el Erario!" Se refieren a las "recepciones provisionales sin firmar" y las "definitivas sin acta de trabajos". ¡Dicen que sus proyectos son como fantasmas: se ven, pero no existen! Y que los saldos que no cuadran... ¡son un nuevo género literario, "realismo mágico" con letras rojas!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se recuesta en la silla, con un aire de hastío, casi lloriqueando)
¡Ay, Ministro! ¡Qué torpes son estos contadores! ¡Con tanto papel, se les olvida el propósito superior! ¡Si las "facturas gemelas" son una "optimización del recurso documental"! ¡Y los "saldos que no cuadran"... ¡es una "flexibilidad contable" para tiempos de crisis! ¡Es que la contabilidad no comprende la "visión estratégica" de la que gozamos los que estamos... en la cúspide! ¡Ella es tan... cuadrada, tan de sumar y restar! ¡No ve la poesía en el desorden!
MINISTRO ENREDOS
(Con voz casi inaudible, señala la televisión donde un analista político gesticula furioso)
Y el analista en represiete y en teleseis, Presidente, dice que todo esto es producto de una "contratación negligente", que ha permitido el ingreso de "expertos" sin experiencia, y que ha creado una maraña burocrática para encubrir la falta de capacidad... o la intención. ¡Incluso Doña Auditoría ha llamado! ¡Parece que está más brava que vaca en rodeo!
DON BURRO PRESIDENTE
(Se levanta de golpe, no por rabia hacia sí mismo, sino por la injusticia que siente)
¡Ah, la "contratación"! ¡Esa maldita contratación! ¡Esa es la verdadera culpable, Ministro! ¡Por su culpa, por sus "procesos", por sus "reglamentos", estoy alejado de la verdadera "especialista" en mi vida, ¡Y Consultín! ¡El, el que realmente me entendía, el que me aconsejaba cómo hacer nada con dignidad! ¡Con estos escándalos no se aproxima ni a retirar el cheque del mes!... ¡Si la "contratación" no fuera tan enredada, tan quisquillosa, tan de "papel y firma", Consultín estaría aquí, a mi lado, diciéndome cómo arreglar todo esto con una buena "estrategia de comunicación" y una "consultoría express" para desviar el foco! ¡Pero no! ¡Por la bendita "contratación" ahora tengo que escuchar tus malas noticias! ¡Esto es una crueldad sin límites! ¡Es el colmo de la desgracia! ¡Me han separado de mi musa del despilfarro!
(Con voz que oscila entre el lamento y la soberbia, sus gestos son grandiosos, teatrales)
¡Maldito sea el día en que acepté esta corona de espinas! ¡Esta silla de oro que quema el trasero!
¡Presidente! ¡Ah, qué palabra tan dulce y tan amarga!
¡Soy el timonel de un barco que se hunde, y todos me culpan de las goteras!
¡Yo, que solo quería el aplauso, la ovación, la estatua en la plaza principal!
(Se ríe amargamente)
¡Mira los periódicos! ¡Tráfico de influencias, dinero desaparecido!
¡Pero si yo solo... ¡solo "flexibilizo" las normas, "agilizo" los procesos!
¡Por el bien de todos, sí! ¡Por el bien de todos los que me rodean... y de paso, el mío!
¡Es la esencia de gobernar, ¿acaso no lo comprenden?!
¡Un líder debe ser como un mago, ¡que hace aparecer lo que no hay y desaparecer lo que estorba!
(Hace una pausa, su mirada se endurece, con un brillo de resentimiento. Imita un gesto de lanzar lejos.)
¡Miley en Argentina! ¡Con su motosierra! ¡Dice que "libera"!
¡Yo también "libero", pero fondos, Ministro... ¡fondos del erario!
¡Él con su "libertad", yo con mi "libertinaje fiscal"!
¡Nos acusan de narcisismo! ¡Pero si un presidente no cree en sí mismo, ¿quién lo hará?!
¡Debemos ser el faro, el centro del universo, la única verdad!
¡Si no me adoran, ¿cómo pretenden que los salve de sí mismos?!
¡Mi ego es la brújula, el timón, la brisa que empuja la nave del Estado!
¡Y si es grande, ¡es porque la carga es pesada!
(Su voz se vuelve más oscura, una mueca de desprecio en sus labios.)
¡Macron y sus problemas de drogas! ¡Qué debilidad tan vulgar!
¡Yo, en cambio, soy adicto al poder, a la adulación, a la opulencia!
¡Mi droga es ver las cuentas engordar, los proyectos fantasmas tomar forma!
¡Esa es una adicción limpia, una adicción de Estado, no de callejón!
¡Alberto Fujimori! ¡Corrupción, dicen! ¡Pero si él solo "reorganizó" el país, lo "ordenó" a su antojo!
¡Y Nixon! ¡El espionaje, el encubrimiento! ¡Pura "seguridad nacional", "protección de la investidura"!
¡Pequeños sacrificios en el altar de la gobernabilidad!
¡Es que no entienden! ¡Para mantener el poder, a veces hay que ensuciarse las manos, y las cuentas!
(Se acerca al público, con una sonrisa desquiciada, casi un desafío.)
¡Sueños de grandeza! ¡Ah, sí! ¡Tiberio, Calígula, Nerón,... Cómodo!
¡Esos sí que sabían lo que era mandar!
¡No como ahora, que un auditor con gafas te amarga la existencia!
¡Ellos eran dioses, con caprichos desenfrenados que terminaban en locura!
¡Y es que la política actual, mis queridos súbditos (porque sí, ¡súbditos son!), fomenta la autoridad absoluta, la servidumbre sin chistar!
¡Para qué la democracia, si el pueblo es como un niño, incapaz de decidir lo que le conviene!
¡Un presidente debe ser un emperador, un césar, un dios en la tierra!
¡Mis caprichos, que algunos llaman "corrupción", son solo la expresión más pura de mi "voluntad inquebrantable"!
¡Y si esa voluntad lleva a la "locura", ¡que así sea!
¡Porque es una locura de poder, una locura de grandeza, una locura que solo los elegidos comprenden!
¡Y los vulnerables? ¡Ah, los vulnerables!
(Su voz se vuelve de repente más suave, casi melancólica, un contraste escalofriante)
¡Ellos son el telón de fondo, el pretexto, el “pueblo” que se nombra en los discursos!
¡Su sufrimiento es la argamasa que cimenta mi trono!
¡Sí, puedo hacer el bien, puedo construir puentes y hospitales, pero ¿qué gloria hay en eso si no viene de mi puño y letra, si no alimenta mi ego, si no me da más poder?
¡El egoísmo, dicen! ¡Es el motor del mundo, mis queridos!
¡El egoísmo bien gestionado es el que mueve las montañas... de dinero... hacia mis bolsillos!
¡Y los vulnerables... siempre estarán ahí, para que el ciclo continúe, para que el "bien común" sea una excusa, y el "poder absoluto", la única verdad!
¡Que me juzguen los siglos, que la historia me absuelva... o me condene a seguir siendo presidente!
(Mientras Don Burro pronuncia la siguiente parte de su monólogo, las luces del escenario se atenúan lentamente, hasta dejar solo un foco de luz sobre él, creando una atmósfera íntima y a la vez siniestra. El resto de la oficina queda en penumbra.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con una sonrisa irónica, casi un desprecio velado, mirando al foco como si fuera la voz del pueblo)
¡Poder del pueblo, decían! ¡Ay, qué buen chiste me contaron en las urnas!
¡Más falso que político arrepentido en Semana Santa!
¡Uno va, vota, con su cédula bien puesta y su dedo manchado de tinta indeleble, creyendo que elige al capitán del barco!
¡Y resulta que el capitán es un burro, y el barco, una regadera!
¡El poder lo tienen los que manejan los hilos, no los que empujan el botón!
¡Nosotros somos como el mono de feria, que baila al son que le tocan, y al final, solo recibe cacahuates... o impuestos más altos!
(Suelta una risa seca, sin alegría.)
¡Y la culpa es nuestra, dicen! ¡Por elegir mal!
¡Pero si les presentamos un menú de ineptos y pillos,
¿qué se supone que deben hacer, irse a vivir a la Luna?
¡Uno escoge al menos peor, y el menos peor resulta ser el más listo para el truco!
¡Es como ir a una carnicería donde solo venden carne con gusanos, y te culpan por elegir el que tiene menos!
¡Nos venden sueños de "progreso" y nos despiertan con pesadillas de "déficit"!
¡"El pueblo elige", claro, ¡como el ratón elige el queso en la ratonera!
¡La zanahoria siempre está ahí, brillante, prometedora, y cuando te acercas, ¡zas! ¡La trampa se cierra!
(Se cruza de brazos, una expresión de resignación profunda en su rostro, pero una resignación que es puro cinismo.)
¡Y lo más cómico es que volvemos a caer!
¡Prometen bajar impuestos, y suben los bolsillos!
¡Prometen transparencia, y nos dejan más ciegos que murciélago en cueva!
¡Dicen que van a "gobernar para todos", y al final solo gobiernan para el club de los "bien conectados"!
¡Y ellos, ¿qué hacen? ¡Se quejan en redes, ponen memes, y esperan la siguiente elección para volver a elegir al mismo perro con diferente collar!
¡Son la viva imagen del "sísifo electoral", empujando la piedra del cambio para que se les caiga encima una y otra vez!
¡El poder no reside en el pueblo, no!
¡Reside en la desmemoria del pueblo, en su eterna esperanza ingenua, y en la maestría de los "elegidos" para disfrazar el saqueo de gestión!
¡Que el teatro siga, que el pueblo aplaude, y la farsa, ¡esa sí que es eterna!
NARRADOR
(Con voz grave y un dejo de horror cómico, como quien cierra un libro de pesadillas)
¡Y así, amados espectadores, el velo se desgarra!
El alma de Don Burro, cual cloaca destapada,
revela el abismo entre el discurso y el deseo.
¡Que el egoísmo, esa enfermedad del alma,
carcome la fibra de la decencia y la cordura!
¡Que la ambición sin límites, cual bestia indomable,
convierte al hombre en tirano, y a la nación en su juguete!
¡Que el telón caiga, no sin antes dejar en el aire la pregunta:
¿Somos cómplices de esta locura, o simples espectadores?
TELÓN.
ACTO TERCERO – EL PRECIO DE LA INFAMIA
ESCENA 2 del ACTO TERCERO
INT. OFICINA DE DON BURRO PRESIDENTE – DÍA
(La oficina de DON BURRO PRESIDENTE, despojada de todo lujo, ahora parece la celda de un monje, si el monje fuera un cleptómano en penitencia. Solo quedan la silla de cuero, imponente pero solitaria, y el inmenso escritorio de roble, que parece aún más grande en la inmensidad vacía. Don Burro Presidente, el mamífero bovino en apuros, está sentado en su silla, moviendo una pierna nerviosamente, el semblante de un niño abandonado en un centro comercial. Sus ojos deambulan por la oficina desangelada, como si esperara que los lujos perdidos regresaran por arte de magia. Un suspiro pesado escapa de su pecho.)
NARRADOR
(Con voz de quien asiste a un castigo divino, pero con una sonrisa de oreja a oreja)
¡Ved, oh público perspicaz, el panorama desolador!
La pompa se ha ido, el oropel se ha esfumado, y Don Burro, más solo que un auditor en fiesta de contratistas, siente el frío de la soledad y el peso de su propia... ligereza moral.
Pero la calma, mis amigos, es un lujo que no existe en esta obra.
¡Que el pánico entre en escena, que el temblor anuncie la tormenta!
Y la tormenta... ¡llega con forma de vaca con lentes!
DON BURRO PRESIDENTE
(Lamentándose para sí mismo, con un tono de auto-compasión patética)
¡Abandonado! ¡Como un billete de cien mil en la calle, nadie me recoge!
¡Ni un Ministro que me haga la pelota, ni un Consultín que me invente otra "consultoría para el bienestar emocional del Presidente"!
¡Mi oficina parece un desahucio! ¿Dónde están mis cuadros, mis floreros, mi estatua de mí mismo en miniatura?
¡Todo lo han retirado "por seguridad", dice la Auditoría! ¡Más bien "por depuración"!
¡Me siento como un rey sin súbditos... o peor, ¡como un rey sin fondos!
(De repente, entra el MINISTRO ENREDOS como alma que lleva el diablo, casi tropezando con sus propios pies. Está blanco como la tiza, y le tiembla hasta el bigote.)
MINISTRO ENREDOS
(Con la voz ahogada por el pánico, jadeando)
¡Presidente! ¡Don Burro! ¡La Audito... la Auditoría!
¡Viene como un huracán fiscal, con la trompa cargada de expedientes y la mirada de quien no perdona ni la fecha mal puesta!
¡Está más brava que león en ayunas, o que contribuyente en día de impuestos!
¡Dice que trae ejemplos, ¡ejemplos de "honradez" y "transparencia"!
¡Cierre la puerta, finja que no estamos! ¡Que se extravíe en el laberinto de la burocracia!
DON BURRO PRESIDENTE
(Intentando recomponerse, pero con un temblor en la voz)
¡Cállese, Ministro! ¡Un Presidente nunca se esconde! ¡Un Presidente... "dialoga"!
¡Aunque el "diálogo" sea un monólogo de la Auditoría sobre mis... "desaciertos"!
¡Que entre! ¡Que la "transparencia" es mi bandera! (Tartamudea) ¡Aunque a veces esté un poco... opaca!
(La puerta se abre de golpe y entra DOÑA AUDITORÍA, la vaca con traje ejecutivo, con una pila de libros antiguos bajo el brazo y una mirada que podría congelar un volcán. Sus pasos son firmes, resonando en la oficina vacía. Don Burro y Ministro Enredos se encogen en sus asientos.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con voz que no admite réplica, pero con un toque de acidez pedagógica)
¡Conque aquí están los dos artífices de la "excepción excepcionalísima"!
¡Parecen dos ratones en una trampa de queso vacía!
¡He venido a iluminar sus mentes obtusas con la luz de la historia, la sabiduría de la rectitud!
¡Porque aquí, en “La Republica Ficticia S.A.”, la honradez se volvió leyenda urbana, y la transparencia, ¡un mito griego!
¡Pero hubo tiempos, señores, en que la virtud no era un chiste, ni la ética, una "cláusula excepcionalísima"!
(Deja caer los libros sobre el escritorio con un golpe seco que hace saltar a los dos hombres. Se coloca las gafas y mira a ambos con autoridad.)
DOÑA AUDITORÍA
¡Escuchen bien, que esto no es una "consultoría para mejorar la moral", esto es una lección a la fuerza!
DOÑA AUDITORÍA
(Con tono de catedrática indignada, casi un mugido didáctico)
¡Comencemos con el insigne Cincinato, ese romano que en tiempos de crisis
dejó su arado, tomó el poder como dictador... y a los quince días, ¡lo devolvió!
¡Sí, señores! ¡Volvió a sus bueyes y a su labranza sin una moneda de más,
sin una factura falsa, sin un viático a la playa!
¡Apenas y si pidió un recibo por el uso del arado!
¡Aquí, en cambio, si a ustedes se les da una pala, al mes ya tienen una finca a nombre de la tía abuela y un contrato de alquiler con el Estado!
DOÑA AUDITORÍA
(Con un brillo irónico en los ojos)
¡O qué me dicen de George Washington! ¡El padre de una nación!
¡Cuando de niño cortó el cerezo de su padre, ¡dijo la verdad!
¡Confesó su travesura, sin buscar a un consultor que le redactara un informe de "impacto arbóreo involuntario"!
¡Aquí, si a ustedes se les cae un árbol, aparece un contrato millonario para "estudios de reforestación emocional" y otro para "compensación por la pérdida del paisaje urbano", ¡todo a nombre de una empresa offshore!
DOÑA AUDITORÍA
(Se acerca al escritorio, golpeando ligeramente un libro con el dedo)
¡No nos vayamos tan lejos! ¡Aquí en nuestra querida tierra!
¡Los viejos maestros de escuela! ¡Los que con tiza y pizarra enseñaban valores, civismo, y a no meter la mano donde no debían!
¡Ellos daban su vida por la educación, y el único "plus" que esperaban era ver a sus alumnos convertidos en personas honradas!
¡Ahora, si un maestro no da un "taller de desarrollo personal" con un experto de afuera,no tiene "oportunidades de crecimiento"... ¡ni de llenar el refrigerador!
DOÑA AUDITORÍA
(Con la voz que se eleva, cargada de un sarcasmo que corta)
¡Y la famosa frase del Rey Juan Carlos I de España: "Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir"!
¡Un desliz, sí, pero hubo una "disculpa pública"!
¡Aquí, en cambio, ustedes se equivocan cada día, roban a manos llenas,y lo único que dicen es: "Fue un error administrativo", o "Estamos investigando", o mi favorita, "La prensa exagera" ¡Y "no volverá a ocurrir" es una promesa que se rompe antes de pronunciarla!
DOÑA AUDITORÍA
(Su voz se vuelve más grave, un rugido final de frustración)
¡Y en esta misma nación, la frase de Juanito Mora, cuando pidió préstamos para defender la patria y los pagó hasta con su vida, sin una sola "reestructuración de deuda" para beneficio personal!
¡Esa es la honradez! ¡No andar moviendo los dineros como fichas de dominó, ni pagando la misma factura diez veces por la misma botella de agua!
¡No es "creatividad financiera", ¡es un crimen que apesta a la legua!
¡Así que dejen de ver estos ejemplos como cuentos de hadas!
¡Son espejos, señores! ¡Y en ellos, su reflejo es más bien... borroso!
MINISTRO ENREDOS
(Tartamudeando, intentando desviar el golpe)
Pero... Doña Auditoría... esos son... ¡ejemplos de otra era!
¡De tiempos sin "economía globalizada" ni "complejidad administrativa"!
¡Ahora la honradez es un concepto "flexible"!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con un intento patético de dignidad)
¡Sí, Auditoría! ¡Y la "transparencia" es como la ropa, ¡depende de la ocasión se usa más o menos!
¡Y mi caso es "excepcionalísimo"! ¡Soy un presidente "innovador"!
DOÑA AUDITORÍA
(Da un paso al frente, con una mirada que fulmina. Su voz es un látigo)
¡"Innovadores" en el arte de la estafa, eso son!
¡Y su "excepcionalísimo" caso los llevará directamente al "expediente penalísimo"!
¡Porque el "poder del pueblo" podrá ser ciego a veces, pero la Auditoría... ¡esa tiene ojos en la nuca!
¡Y no hay historia que valga para justificar la deshonestidad en el presente!
¡Prepárense, señores, que la comedia de sus fechorías está a punto de terminar, y el drama legal, de comenzar!
DOÑA AUDITORÍA
(Con un tono de suficiencia, dirigiéndose a Don Burro y Ministro Enredos)
¡Así que, señores, espero que la lección haya calado hondo!
¡Porque el lápiz de la historia escribe con tinta indeleble, y las cuentas, mis queridos, ¡las cuentas siempre cantan!
¡Y las de ustedes suenan a coro desafinado en pleno concierto de rock!
MINISTRO ENREDOS
(Con un suspiro, aún algo temeroso)
Entendido, Doña Auditoría. La honradez es como el Wi-Fi, ¡uno sabe que existe, pero a veces la señal falla!
Y la transparencia... ¡una meta a la que esperamos llegar algún día, después de muchas consultorías!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con un puchero infantil)
¡Sí, sí, Auditoría! ¡Ya entendí que no debo ser como Calígula! ¡Lo prometo!
¡De ahora en adelante, seré más como... como un búfalo sabio! ¡De los que solo comen pasto ajeno!
(Los tres se vuelven al NARRADOR, este revisa sus papeles y hace como que no tiene nada y les pide que continúen)
(De repente, entra CONSULTÍN, muy alegre, agitando un puñado de papeles con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera ganado la lotería del descaro.)
CONSULTÍN
(Con voz cantarina y un aire de triunfo)
¡Noticias, excelentísimos señores! ¡Noticias de última hora!
¡Una revelación que cambia el rumbo de la trama!
¡Una perla en el océano de la burocracia!
¡Mi equipo de "rastreadores de firmas" ha hecho un hallazgo monumental!
¡Hemos descubierto el eslabón perdido en la cadena de la responsabilidad!
(Mira a Doña Auditoría con una sonrisa aún más amplia, casi desafiante)
¡Doña Auditoría! ¡Ilustre guardiana de la fe pública!
¡Resulta que en la revisión de los expedientes...
(Agita los papeles con más fuerza, casi bailando)
¡Su firma está ahí! ¡Su santa rúbrica!
¡En todos esos contratos de la "Excepción Excepcionalísima Excepcionante"!
¡La ley, sí, la bendita ley, dice que hay que dar refrendo!
¡Y usted, con su puño y letra, ¡nos ha dado su bendición burocrática!
(Doña Auditoría se queda petrificada, los ojos desorbitados. Su rostro, antes triunfante, se vuelve de un blanco cadavérico. Los libros caen de sus brazos con un estruendo. Parece que un rayo la ha alcanzado.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con voz ahogada, casi un susurro de horror)
¡Mi... mi firma! ¡Pero... pero yo solo... solo di el refrendo de ley!
¡Era un requisito burocrático, una formalidad para que los expedientes avanzaran!
¡Para que no se quedaran varados como un elefante en un charco de lodo!
¡No significa que yo aprobara la... la fechoría! ¡Es un trámite!
(Se lleva las manos a la boca, la expresión de "trágame tierra" es total. Se tambalea.)
¡No puede ser! ¡Me van a meter en el mismo saco que a estos... a estos salteadores de fondos públicos!
¡Mi reputación! ¡Mi honradez, mi... mi carrera intachable!
¡Ahora seré la Auditoría que firmó su propia desgracia! ¡La vaca que se tropezó con su propia pata!
(Intenta arrebatarle los papeles a Consultín con furia, pero él los esquiva con agilidad cantinflesca.)
MINISTRO ENREDOS
(Con un brillo de alivio y malicia en los ojos, frotándose las manos)
¡Ah, pero esto cambia las reglas del juego, Consultín! ¡Esto es un jaque mate a la moralidad!
¡Una jugada maestra! ¡Ahora la "transparencia" es una cuestión de "firma compartida"!
¡La responsabilidad es como una pizza, ¡se reparte en porciones iguales!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con su eterna inocencia burda, pero contagiado de la alegría del Ministro)
¡¿Mi firma?! ¡¿La firma de la Auditoría?!
(Ríe sin comprender del todo, pero contento de que el foco no esté en él)
¡Ah, pues qué bien! ¡Así todos somos "cómplices" de la "eficiencia"!
¡Más fácil que echarle la culpa al que no está!
¡Esto es como un sancocho, ¡todos metemos la cuchara!
CONSULTÍN
(Agitando las hojas victorioso, con una sonrisa de oreja a oreja, como el director de orquesta de la burocracia)
¡Ah, la firma, excelentísimos! ¡La firma!
¡Esa pequeña rúbrica, ese trazo de tinta, que parece insignificante, pero que es el ombligo del mundo burocrático!
¡Es la prueba fehaciente, la huella dactilar del consentimiento!
¡Es el "sí" sin palabras, el "así sea" sin preguntas!
¡La firma es el punto final de la duda y el punto de partida del cobro!
(Consultín camina alrededor de Doña Auditoría, quien está a punto del colapso, y de los otros dos, que ríen a carcajadas. Su discurso es una oda al absurdo burocrático, con el estilo inconfundible de Cantinflas.)
CONSULTÍN
(Gesticulando ampliamente, con un tono de grandilocuencia vacía y retorcida)
Porque, miren ustedes, la firma, ¿qué es la firma?
¡Es la ratificación de lo irratificable, la legalización de lo ilegalizable!
¡Es el "sí, acepto" que uno da sin saber a qué, pero lo da!
¡Es la rúbrica que convierte el garabato en garantía, y el papel en pecunia!
¡Sin firma, un contrato es un chismorreo, una promesa de borracho!
¡Con firma, es un hecho consumado, una realidad incontrovertible, ¡así la realidad no exista y el hecho sea más fantasioso que unicornio en campo de golf!
(Se detiene frente a Doña Auditoría, que lo mira con ojos de ultimátum.)
CONSULTÍN
¡La firma, Doña Auditoría, es la puerta giratoria de la responsabilidad!
¡Por ella entra uno al baile de las formalidades, y por ella... ¡ay, por ella!
¡Por ella se puede salir, o quedarse pegado en el epicentro del escándalo!
¡Es el "quítame allá esas pajas" que se convierte en "ponme aquí esas cargas"!
¡Es el "no lo vi bien" que se transforma en "fírmeme usted, que yo me encargo del resto"!
¡Es el "por la presente", que deviene en el "por la presente, ¡usted está frito!"
¡Así que, como verán, la firma no es solo un trazo; ¡es un laberinto, un enigma,
¡una paradoja que convierte al más puro en el más implicado!
¡Y a veces, en este juego de papeles, el que más revisa es el que más se enreda!
¡Porque hasta la honradez, si se descuida, puede firmar su propio verdugo!
(Consultín sonríe triunfalmente, agitando los papeles. Doña Auditoría se agarra la cabeza, al borde del desmayo. Don Burro y Ministro Enredos se ríen a carcajadas, viendo su salvación en la desgracia ajena.)
(Los cuatro vuelve a ver al narrador, quien nuevamente revisa los papeles y les hace señas para que continúen mientras se queda extrañado)
(Un silencio largo y denso se cierne sobre la escena, roto solo por el tic-tac invisible de un reloj, de repente, el estridente sonido de un teléfono celular rompe el silencio. Todos pegan un brinco, como si les hubieran dado una descarga eléctrica. Don Burro casi cae de la silla, Ministro Enredos da un respingo y Consultín, por poco, deja caer los papeles.)
DOÑA AUDITORÍA
(Gira bruscamente hacia el público, con el ceño fruncido y un tono de reproche severo, ignorando su propia situación)
¡A ver, a ver! ¡Quién es el gracioso, el incivilizado, el bárbaro que tiene ese aparato sonando en horas alborales, cuando los oficios sagrados de la fiscalización están en pleno apogeo!
¡Por mis cuernos, que en este recinto sagrado, no se atiende el celular, porque es un distractor de los oficios, una afrenta a la concentración, una puerta abierta a la pereza mental!
¡Apáguelo de inmediato, que la seriedad de este asunto no admite melodías de reguetón ni ringtones de moda!
(El celular sigue sonando con una persistencia molesta. Doña Auditoría busca con la mirada, exasperada, quién es el culpable. Sus ojos se abren de par en par al darse cuenta de que la melodía proviene… ¡de su propio bolsillo! Su rostro se contorsiona en una mezcla de vergüenza y disimulo. Se aclara la garganta ruidosamente.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con una voz repentinamente más suave y afectada, intentando fingir que no había dicho nada)
Ah... ejem... parece que... que el intruso se ha colado en mis propias... eh... vestimentas.
(Saca el celular con una mano temblorosa, lo mira con desdén. Ve el identificador de llamadas y suelta un bufido. Es la Asamblea Legislativa de nuevo.)
¡La Asamblea Legislativa! ¡Qué oportuna la llamada, como cucaracha en día de mudanza!
(Contesta, pegándose el celular a la oreja, con un tono que intenta ser casual pero suena forzado)
¿Sí? Aquí Doña Auditoría... ¡No, no, no, su señoría! ¡No hay problema alguno! Solo... eh... un asunto menor de disciplina interna. ¡Cosas de la modernidad!
(Escucha, y su rostro vuelve a tensarse con la mención de la firma.)
DOÑA AUDITORÍA
(Su voz se vuelve defensiva, casi suplicante, bajando el tono para que los otros no escuchen bien)
¡Ah, sí, la firma! ¡Esa bendita firma! ¡Pero, su señoría, usted sabe! ¡Es el refrendo!
¡Una obligación de ley, un mero acto administrativo, como quien pone un sello al paso!
¡Una formalidad para que la rueda de la burocracia no se detenga!
¡No significa que yo esté de acuerdo con la... con la dirección del viento... del dinero!
¡Es una firma para "dar fe" de que el papel existe, ¡no de que el contenido es oro molido!
¡Por mis cuernos, que no soy parte del engaño, su señoría! ¡Mi integridad es más inquebrantable que las promesas de un político!
¡No, no, le aseguro que llegaremos al fondo de todo esto! ¡Hasta el último céntimo, hasta la última mentira!
¡Sí, sí! ¡Que tenga un excelente día! ¡Y que la probidad le acompañe!
(Cuelga el celular con una expresión de alivio a medias, pero antes de que pueda guardarlo, vuelve a sonar con la misma, o quizás peor, melodía. Doña Auditoría se exaspera visiblemente. Mira a Don Burro, Ministro Enredos y Consultín, quienes la observan con miradas de burla apenas disimulada.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con una sonrisa forzada y un rubor en sus mejillas bovinas)
¡Ay, disculpen, mis señores! ¡Es que esta tecnología...! ¡Es solo para asuntos de trabajo, lo juro!
¡Este aparato es mi látigo contra la pereza, mi brújula para el fraude! ¡Nunca para distracciones fútiles!
(Mira la pantalla del celular y suelta un gruñido. Es el Ministro de Hacienda.)
DOÑA AUDITORÍA
(Contesta con una mezcla de fastidio y determinación)
¿Ministro de Hacienda? ¡Vaya, qué sincronía! ¡Como los problemas fiscales en este país!
(Escucha la voz al otro lado, que sin duda le pregunta por su firma.)
¡No, Ministro! ¡No hay enredos con mi firma! ¡Mi firma es como el sol, ¡brilla para todos, pero no es cómplice de la oscuridad!
¡Yo la doy por darla, porque es la ley, la obligación del refrendo! ¡Un visto bueno burocrático, no un visto bueno moral!
¡Es como el árbitro que pita el penalti, ¡no es que quiera que el equipo pierda, ¡es que la regla es la regla!
¡Pero eso no me hace parte de los desvíos, de las partidas fantasmas, de las facturas que se multiplican como conejos!
¡Mi firma es neutral, como un buen auditor! ¡No toma partido por la malversación!
¡Le aseguro, Ministro, que llegaremos al fondo de todo! ¡Hasta la última factura repetida, hasta el último saldo fantasma! ¡Hasta que la verdad duela!
(Cuelga el teléfono con un golpe seco, casi con furia contenida. Su mirada se endurece, dirigida nuevamente a los papeles y a los tres hombres frente a ella.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con voz que retoma su tono de acero, aunque con un matiz de humillación)
¡Ahora bien, señores! ¡Superadas las "interrupciones laborales" y las "aclaraciones técnicas" sobre la naturaleza de una firma!
¡Continuemos con lo que nos ocupa! ¡Que la búsqueda de la verdad no se detiene, aunque el camino esté sembrado de firmas... y de excusas!
¡Porque mi función es encontrar la aguja en el pajar, aunque el pajar esté hecho de contratos dudosos y la aguja sea la prueba de sus fechorías!
(De repente, el estridente y familiar sonido de un celular vuelve a romper la tensa calma. No es la melodía de Doña Auditoría, es otra, aún más penetrante y con un dejo ominoso. Todos, los tres animales y Doña Auditoría, giran sus cabezas como resortes y miran fijamente al público, como si la llamada viniera de allí, del exterior, de una fuerza invisible.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con los ojos desorbitados, su rostro se contrae en una mueca de terror puro, el peor miedo que puede dar una buena película de terror. Lentamente, saca su propio celular del bolsillo. La melodía sigue sonando. Sus manos tiemblan.)
¡NOOOO! ¡No puede ser!
(Da un grito ahogado, casi un chillido de pánico absoluto.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz desgarrada por el terror)
¡EL JEFE!
MINISTRO ENREDOS
(Con los ojos desorbitados, su voz temblorosa)
¿El... el pueblo, mi Presidente? ¡¿Ya se cansó de pagar impuestos y viene a cobrar?!
(El celular sigue sonando, implacable, el sonido resuena en la oficina vacía, amplificando el miedo. Don Burro, con la mano aún pegada al celular, ni siquiera lo ha contestado. Sus ojos están fijos en el aparato, como si fuera un arma cargada.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con la voz ahogada, el rostro blanco como la cera, respondiendo a Ministro Enredos mientras se le dobla la espalda)
¡No, Ministro! ¡No el pueblo! ¡El jefe de jefes! ¡El que no se ve, pero todo lo maneja! ¡El que no firma, pero todo lo autoriza! ¡El que dicta sentencia con un solo zumbido!
(Sin contestar la llamada aún, Don Burro Presidente se hinca lentamente, con las rodillas temblando, una figura patética de sumisión. Con el celular aún en la mano, lo acerca a su boca y, con un hilo de voz, casi un murmullo reverencial, contesta.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz temblorosa, casi un rezo)
¡Sí, mi Señoría! ¡Aquí estoy! ¡Aquí obedezco! ¡Su humilde servidor, dispuesto a lo que ordene!
(Escucha atentamente. Su cuerpo se tensa. Sus ojos se abren de par en par, asimilando lo que oye. Luego, con una reverencia exagerada, casi besando el aparato, lo acerca de nuevo a su boca.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz de cordero degollado, sudando frío)
¡Sí, mi Señoría! ¡Nuestra... nuestra balacera! ¡Usted habla y yo escucho! ¡Usted dicta y yo hago! ¡Como hormiga bajo su bota, así somos!
(Su mirada busca a Doña Auditoría con desesperación, tendiéndole el teléfono con mano temblorosa)
¡Sí, aquí está, mi Señoría! ¡La Auditoría! ¡Ella también escuchará!
(Doña Auditoría, que ha presenciado la aterradora transformación de Don Burro, agarra el teléfono con un miedo palpable. Sus dedos apenas pueden sostenerlo. Lo acerca a su oreja, su rostro una mezcla de desafío y sumisión.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con voz baja, apenas audible, una palabra de obediencia que nunca antes se le había escuchado)
Sí, Señoría. Su sabiduría es mi guía.
(Escucha por un instante, su expresión se endurece, pero la obediencia sigue presente en sus ojos. Un ligero temblor recorre su cuerpo. Luego, como Don Burro, tiende el teléfono, con un nuevo temor que eclipsa el anterior.)
DOÑA AUDITORÍA
(Con un hilo de voz, hacia Consultín)
Sí, aquí está.
(Consultín, quien ha estado observando la escena con una mezcla de curiosidad y un escalofrío que le ha recorrido la espalda, agarra el celular. En contraste con el miedo de los otros, su rostro se ilumina con una felicidad perversa, una sonrisa de quien se sabe intocable, un elegido del "Jefe de Jefes". Lo acerca a su oreja, su voz es la de un niño travieso que ha sido descubierto pero no castigado.)
CONSULTÍN
(Con tono de complicidad y alegría sumisa)
¡Sí, Señor! ¡Sí, Señor! ¡Claro que sí! ¡Lo entiendo perfectamente!
(Suelta una risa nerviosa y exagerada, con un brillo fanático en los ojos)
¡No lo vuelvo a hacer! ¡No volveré a poner en riesgo la Orden 66!
(Mira al público, y luego a Don Burro y Ministro Enredos, con una mueca confusa)
¡No sé qué es, pero su sirviente obedece! ¡Y con gusto! ¡Su voluntad es mi ley, mi código, mi factura!
(Mientras Consultín aún habla, el Ministro Enredos, intentando unirse a la reverencia y a la cadena de obediencia, extiende la mano para agarrar el celular y hablar con "El Jefe". Pero justo en ese momento, la llamada termina con un click seco. La línea se queda muerta, dejando al Ministro con la mano extendida y una expresión de frustración cómica. Un silencio incómodo se instala en la oficina.)
(Los cuatro se miran fijamente. Don Burro y Ministro Enredos, con una expresión de súbita comprensión y pánico. Doña Auditoría, con los ojos entrecerrados, comienza a atar cabos. Consultín, con una mirada de fría determinación.)
CONSULTÍN
(Rompe el silencio con una voz que, aunque suave, tiene la autoridad de quien ha recibido una orden divina)
¡Silencio! La Voz ha hablado. Y la Voz, mis queridos, no admite titubeos ni chistecitos de mal gusto.
(Se pasea por la oficina, recogiendo los periódicos con los titulares escandalosos y apilándolos pulcramente.)
El "Jefe" ha sido claro. Este "escándalo", esta "pequeña inconveniencia mediática",debe ser resuelta con la celeridad de un rayo y la discreción de un suspiro.
¡El pueblo no debe preguntar, los periodistas no deben quedar con hambre de primicias... pero deben comer de la mano que les extendamos!
MINISTRO ENREDOS
(Con voz ahogada, como si el cuello de la camisa le apretara de repente)
¡Pero, Consultín! ¿Cómo? ¡Si la sangre ya llegó al río, y los titulares son más grandes que el ego de Don Burro!
¡Y Doña Auditoría aquí presente... es una bomba de tiempo fiscal!
DOÑA AUDITORÍA
(Con una voz que denota sorpresa y un atisbo de incredulidad, pero también una nueva cautela)
¡Mi presencia es la del orden, Ministro! ¡Y mi firma, la del refrendo! ¡No la del desfalco!
¡Pero dígame, Consultín! ¿Quién es ese "Jefe"? ¿Esa "Voz" que congela la sangre de un Presidente y hace arrodillar al poder?
¡Acaso un Oráculo moderno, un Minotauro invisible que exige obediencia ciega!
CONSULTÍN
(La mira con una sonrisa enigmática, casi compasiva, mientras apila los periódicos)
Doña Auditoría, usted que es de números y leyes, comprenderá que hay cifras que no se ven en los balances, y leyes que no están escritas en los códigos.
El "Jefe", mi querida Auditora, es el Gobierno en la Sombra.
La Criptocracia. La Fuerza que Opera Detrás del Telón.
Son los que verdaderamente manejan las riendas de esta República Ficticia.
Nosotros, mi estimado Presidente, Ministro y usted misma, somos... los ejecutores.
¡Los que ponemos la cara, los que firmamos los papeles, los que damos los discursos!
(Extiende los brazos, abarcando la oficina vacía)
¡El pueblo cree que elige, pero en realidad, ellos nombran!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con un escalofrío, pero ya más resignado)
¡La "Orden 66"! ¡Ah, qué nombre tan... tan de película de ciencia ficción!
¡Pero si hay que "limpiar", se limpia! ¡Con escoba o con amnistía, ¡pero que el escándalo se esfume!
¡No quiero ver más a ese analista de televisión, que parece que le pagan por amargarme la digestión!
CONSULTÍN
(Palmotea el montón de papeles con satisfacción)
¡Exacto, Presidente! La directriz es clara: una salida rápida, limpia, sin que el pueblo pregunte demasiado y los periodistas queden... "satisfechos".
(Se acerca a ellos, con un aire conspirativo)
Propongo una triple estrategia, rápida y efectiva, más veloz que la verdad cuando le persigue una mentira bien contada.
MINISTRO ENREDOS
(Animado, frotándose las manos)
¡Soy todo oídos, maestro del enredo! ¡Cualquier cosa con tal de no ver a Doña Auditoría tan cerca de mis cuentas!
CONSULTÍN
(Con un guiño)
Primero: una "Declaración Conjunta de Autocrítica Constructiva" del Presidente.
(Mira a Don Burro, quien frunce el ceño)
Don Burro, usted saldrá a la nación, con la voz quebrada, con el semblante de la tristeza más profunda.
Dirá que ha habido "errores de forma", "desajustes involuntarios", "malentendidos administrativos".
¡Pero que su corazón late por el pueblo, y que su alma está más limpia que una cuenta offshore en paraíso fiscal!
(Le guiña el ojo a Don Burro, que ya parece entender la broma.)
Prometerá "investigaciones exhaustivas" y "sanciones ejemplares"... ¡contra los que ya no estén en el puesto, claro!
DOÑA AUDITORÍA
(Cruza los brazos, escéptica pero interesada en el macabro espectáculo y señalando al público)
¿Y el pueblo, Consultín? ¿Ese pueblo que me llamó incivilizada por usar el celular en horas "laborales"? ¿Se tragará esa píldora?
CONSULTÍN
(Sonríe, condescendiente)
¡Ah, Doña Auditoría! El pueblo... el pueblo siempre quiere un chivo expiatorio, y un poco de teatro.
Segundo: el "Sacrificio Burocrático y la Reingeniería de la Responsabilidad".
(Mira a Ministro Enredos, que palidece de nuevo)
Ministro Enredos, usted presentará su "renuncia indeclinable" por "razones personales y de salud", lamentando profundamente los "problemas" causados por la "complejidad del sistema".
Se llevará la culpa de los "errores administrativos" y será el mártir del papeleo.
¡Y a cambio, le prometemos una "consultoría exclusiva" para el "Jefe de Jefes" en las Bahamas!
MINISTRO ENREDOS
(Con los ojos muy abiertos, pero la tentación en el rostro)
¿Las Bahamas...? ¡Mártir en el Caribe! ¡Eso sí que es una penitencia placentera! ¡Acepto! ¡Mi salud es muy frágil para tanto papeleo!
CONSULTÍN
(Mira a Doña Auditoría con una sonrisa que le eriza los pelos)
Y tercero, Doña Auditoría, la "Gran Auditoría de Transparencia Extrema".
Usted, con su proverbial honradez, anunciará una auditoría sin precedentes, que revisará hasta el último alfiler del Estado.
Prometerá "mano dura", "cero tolerancia" y "llegar al fondo de todo"...
¡Pero, claro, con la sutil guía de mi equipo de "facilitadores de la verdad"!
(Se acerca a ella, bajando la voz)
Usted encontrará lo que debe encontrar, ni más ni menos.
Y el pueblo, viendo su celo, pensará que la justicia, ¡ahí está, por fin!
DOÑA AUDITORÍA
(Suelta un bufido, entre la indignación y la comprensión de que está atrapada. Se mira las manos, como si su propia firma la condenara.)
¡Una farsa para tapar otra farsa! ¡Y yo, la paladín de la justicia, como la Celestina de sus engaños!
¡Pero que conste que es por el "Jefe de Jefes"!
¡Porque si por mí fuera, ¡los colgaba a los tres por los pulgares en la plaza pública!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con una sonrisa de alivio, ya recuperado)
¡Magnífico, Consultín! ¡Eres un genio! ¡Un Maquiavelo con corbata y licencia de consultor!
¡El pueblo quedará contento, los periodistas con su carnada, y nosotros... ¡a seguir en la cúspide de la República Ficticia!
CONSULTÍN
(Con una reverencia teatral, levantando los papeles que aún tenía en mano)
¡Mi misión, Presidente, es hacer que lo visible sea conveniente, y lo invisible, intocable!
¡Que el telón de la farsa se cierre para el público, mientras el verdadero espectáculo... continúa entre bambalinas!
¡Que la obediencia al "Jefe" sea nuestra guía, y la amnesia del pueblo, nuestra bendición!
(Los cuatro comienzan a formar un círculo apretado, como jugadores de fútbol americano en una estrategia de último minuto, susurrando entre sí, pero el público no escucha sus palabras, levantan sus cabezas simultáneamente. Sus miradas giran al unísono, no hacia el público, sino directamente hacia el área donde el NARRADOR, hacia el atril desde donde ha estado contando la historia. Hay un brillo de cruel ingenio en sus ojos. Consultín y Ministro Enredos dan unos pasos sigilosos hacia esa dirección.)
MINISTRO ENREDOS
(Con una sonrisa maliciosa, mientras se acerca)
¡Consultín, mi amigo! ¡Creo que he encontrado al "error administrativo" definitivo!
CONSULTÍN
(Con la misma sonrisa, asintiendo)
¡Y yo, Ministro, al que "exagera en la prensa" con más saña que periodista sin bono de fin de año!
(En un movimiento rápido y coordinado, CONSULTÍN y MINISTRO ENREDOS se abalanzan sobre el espacio del NARRADOR. Consultín le pone una mano enguantada sobre la boca del Narrador, mientras Ministro Enredos le sujeta los brazos con un pañuelo, silenciándolo. El NARRADOR forcejea brevemente, sus ojos expresan sorpresa y una cómica indignación, pero es inútil.)
(Con una rapidez sorprendente, dado su habitual indolencia, se acerca al atril del Narrador. Lo levanta con un esfuerzo y, con la ayuda de Doña Auditoria, lo arrastra hasta el centro del escenario, un poco más allá del escritorio. Doña Auditoría, con una expresión de perplejidad mezclada con una incomprensible resignación, se coloca a un lado de Don Burro, asumiendo su papel en el nuevo montaje.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Se ajusta el traje, su voz ahora grandilocuente y con un nuevo aire de autoridad, mezcla de burla y falsa solemnidad. Mira directamente al público, con la palma de la mano levantada, pidiendo silencio.)
¡Silencio, amado pueblo! ¡Silencio, intrépidos periodistas!
¡Silencio, curiosos, que la hora de la verdad, esa que a veces es más flexible que la liga de mi calzoncillo, ha llegado!
¡Hemos trabajado incansablemente, día y noche, bajo la luz de la honradez (aunque a veces sea un foco fundido) para desentrañar el nudo gordiano de este... de este incidente!
(Hace una pausa dramática. Ministro Enredos y Consultín, con el Narrador aún inmovilizado, asienten vigorosamente, haciendo muecas de complicidad.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz grave, pero con un brillo de picardía en los ojos, las frases obligatorias saliendo con una cadencia perfecta)
Reconocemos, sí, con la más profunda humildad que nuestra "República Ficticia S.A." ha sufrido un... "error administrativo"!
¡Un pequeño desajuste en los engranajes de la burocracia, como quien se equivoca al sumar dos más dos y le sale un contrato millonario!
¡Pero no temáis, no dudéis de nuestra inquebrantable voluntad! ¡Llevamos días "investigando", sudando la gota gorda, desentrañando cada cabo suelto, cada cifra caprichosa!
DOÑA AUDITORÍA
(A su lado, asiente con una expresión grave, como si ella misma no fuera parte del sainete, forzando la seriedad.)
¡Cada cuenta, cada firma... cada resquicio de la verdad!
DON BURRO PRESIDENTE
(Con una sonrisa de suficiencia, agitando una mano en el aire con desdén)
¡Y déjenme decirles, con la franqueza que me caracteriza y la autoridad que me confiere este púlpito de la verdad!
¡Que "la prensa exagera"! ¡Siempre exageran! ¡Hacen de un moscardón un elefante, y de un pequeño "desliz contable" un cataclismo financiero!
¡Pura teatralidad! ¡Puro melodrama para vender más periódicos y subir el rating!
¡Pero el pueblo sabe, el pueblo siente en su corazón (y en su bolsillo) que sus líderes están comprometidos!
¡Y les prometo, con la solemnidad de un voto, que "no volverá a ocurrir"!
¡No más errores, no más desajustes, no más "malentendidos"!
(Se vuelve lentamente, con una sonrisa triunfal, y mira fijamente al NARRADOR, aún inmovilizado y con un pañuelo en la boca. Ministro Enredos y Consultín lo empujan ligeramente hacia adelante, a la vista de todos.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz grave, casi un susurro que se expande por la sala, señalando al Narrador con el dedo índice)
Y para demostrarles nuestra absoluta transparencia y nuestro compromiso con la justicia...
(Hace una pausa dramática, mirando al público con una sonrisa de victoria, como quien ha resuelto el misterio más grande.)
...¡Les informo que ya tenemos un sospechoso!
(Con un gesto grandioso, Don Burro Presidente extiende los brazos hacia el público, su rostro iluminado por una sonrisa radiante, como si hubiera salvado el país con esta revelación.)
DON BURRO PRESIDENTE
(Con voz potente y triunfal)
¡Y ahora, mis queridos compatriotas, ¡les pido un aplauso! ¡Un fuerte aplauso para la honestidad! ¡Para la transparencia! ¡Para la justicia que, aunque tarde, llega! ¡Y para este su humilde servidor, que siempre vela por ustedes!
(Don Burro mira al público, esperando los aplausos. Ministro Enredos y Consultín sonríen victoriosos, aún manteniendo al Narrador inmovilizado. Doña Auditoría, a su lado, mira la escena con una mezcla de consternación y la comprensión de que, en esta farsa, ella también ha sido forzada a actuar. El Narrador, con la boca tapada, mira al público con ojos que piden ayuda y, a la vez, expresan una burla muda.)
CIUDADANO
(en off, apenas audible, como un pensamiento que se escapa)
¡Qué osadía! ¡Culpar al espejo por la imagen que refleja! ¡Pero así es el teatro del poder!
TELÓN.
FIN.
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